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Como pez en el agua
El polifacético Daniel Melero presenta su nuevo trabajo: “Acuanauta”, una interfase que mezcla música e imágenes descargable de un sitio web.
Algunos músicos tienen una sola faceta artística a la que tratan de explotar lo más que pueden a lo largo de toda su carrera. Daniel Melero, en cambio, gracias a una constante necesidad de búsqueda e investigación, posee varias. A lo largo de una trayectoria prolífica, ha sabido merodear por el pop (“Conga”), el country (“Vaquero”), ponerse intimista (“Travesti”), calzarse las ropas de un crooner (“Piano”) e investigar sonidos tanto de la calle como de la red de redes (“Recolección vacía” y “Tecno”, respectivamente), además de haber ayudado a una generación de artistas a concretar su debut, como Juana La Loca, Los Brujos y Babasónicos, entre varios otros.
Su afán por la música y la tecnología
encontró un punto de unión: “Acuanauta”, una interfase musical disponible en www.kent.com.ar que, según Melero, es al futuro de la música lo que el tenis electrónico fue para los videojuegos tiempo después.
¿Cómo surgió “Acuanauta” y que fuera una interfase y uno un disco en sí?
Esto para mí empezó en mayo del año pasado y ya ahí me iba a dormir y no podía creer que no se le hubiera ocurrido a nadie. A mí ya me tiene podrido el planteo de si está bien o no bajarse mp3, porque me parece que es obvio que está bien y no hay qué discutir.
El tema es qué se hace a partir de eso. Justo se produjo que la CAPIF
empezó a perseguir chicos que bajaban música, y me agarró la furia de que
la música debía ser gratis y punto, pero no por eso no ganar dinero. Todo
artista tiene que pensarse como marca, así que me puse a ver qué creían afuera
que era el contenido de mi marca.
Lo de la interfaz fue natural porque estábamos
trabajando mucho con Leo Santos, mi baterista y veníamos usando el Flash. Fue un paso natural ponerse a jugar con esa idea. Esto tiene implicancias a futuro muy fuertes para la Internet, que todavía estamos tratando de descubrir de qué se trata.
¿Y qué cambia entre las futuras versiones?
La próxima versión va a tener más énfasis en las movies y la 2.0 ya va a tener todos los temas de las versiones anteriores. Lo que tiene de lindo llevar el concepto de un álbum a una interfase es que produce la sensación de que los discos son obras inconclusas, llegado un punto decís “basta, lo largo”. Acá podés volver, seguir desarrollándolo y hacer updates.
Hace un tiempo dijiste que los discos se habían vuelto trenes,
en los que uno sabía dónde salían, paraban y terminaban, y que tu intención era que fueran autos para recorrer más libremente. ¿Acuanauta se acerca más a ese concepto?
Mi intención es crear vehículos, algo que me ronda continuamente y “Acuanauta” llega como ninguno a esa idea, inclusive la cantidad de ideas que emergen exceden la pretensión artística. Hay muchas ideas que me gustaría desarrollar. Estoy creando una interfase que va a dejar en claro que esto es sin lugar a duda el tenis electrónico.
“Acuanauta” termina siendo el que más se asemeja a la idea del vehículo porque es justamente el menos parecido a un disco.
Claro, ya ni siquiera hay un cd y es muy difícil volver a lo que acabás de ver. Hay unas cuestiones de programación que
también van a mejorar en la 2.0 que tienen que ver con cosas como crossfades entre tema y tema. Las implicancias de esto es que también puede tener usos sociales que me resultan muy interesantes, no necesariamente artísticas. Hoy en una nota me preguntaban quienes eran mis maestros: yo mencioné a John Cage, a Brian Eno y Martín Palermo, porque es la inhabilidad y el error transformados en gol. Es algo asombroso jugar mal y ser el máximo goleador: se cumple el rol a través de un funcionamiento errante. 
Si bien siempre estuviste vinculado a la informática, recién en el 2004
lanzaste tu página web. ¿Por qué fue eso?
Lo que más me atrae no son los sitios, son pocos que me resultan interesantes, me gustan mucho más los blogs. Me parecía enervante cuando Internet parecía un lugar para hacer compra directa y toda esa gente robándole ancho de banda a la Red para hacer esas taradeces. Además, odio las páginas oficiales de los artistas que terminan en un changuito para comprar discos. Me gusta más un sitio para difundir ideas, por eso empecé a hacer crítica de discos y de demos. En ese sentido, ahí encontré para qué tener una página web porque era poder hacer algo que me apasiona: hablar de música y darle un destino a la cantidad de cosas que recibo.
A lo largo de
tu carrera produjiste a artistas muy variados. ¿Qué tiene que tener una banda o solista para que te interese trabajar en su disco?
Me atrae la originalidad. Si algo no me gusta es más fácil que me atraiga, porque el gusto es la herramienta menos confiable a la hora de juzgar expresiones de otros, es todo aquello que aprobaste y te resulta cómodo. De esa forma, ocurre que muchos creen que si algo les gusta es bueno. Me atrae la originalidad porque sé que yo voy a cambiar también. Yo “trabajo con”, “hago proyectos con”, no tanto “para”. Además me gusta trabajar en proyectos en los que no se sabe muy bien qué son. Cuando no hay un mercado, me atrae porque es crear espacios en vez de meterme en un nicho. Si no fuera ese pensamiento, tendría un quiosco o una librería.
¿Y cuáles de
todos estos artistas con los que trabajaste no sabías para quién eran?
Los Brujos, sin duda. Cuando los vi por primera vez éramos 30 personas, teniendo en cuenta que tocaban cinco bandas y cada una miraba a la otra. En ese instante supe que estaba viendo a la mejor banda de Argentina de ese momento. Los pude engañar y decirles que estábamos grabando un demo para que no perdieran ese salvajismo, que no se organizaran. Fue maravilloso producir un número 1 de una pequeña revolución cultural efímera.
Normalmente se te menciona como un artífice de la movida sónica de los ’90. ¿Qué recordás de esas épocas, con los debuts de Juana La Loca, Babasónicos y demás bandas?
Los de Juana La Loca le llevaron un casete a mi viejo,
porque tenían una dirección vieja mía. Cayeron lookeados a lo dark, él los recibió y escuchó el cassette. Después me llamó por teléfono y me dijo: “Tengo algo que me parece tenés que oír”. A mí no me gustó, pero mi viejo insistió que los llamara así que los terminé viendo. Babasónicos para mí empieza mucho antes. Cuando yo tenía 18 años lo conocí a Diego Tuñón (tecladista de Babasónicos) a sus 8. Estábamos en una reunión en lo de un amigo, y Tuñón cayó con otro chico. Fue viniendo a los shows de Los Encargados y después fue mi tecladista en “Cámara”.No sabés todo lo que yo aprendí de él. Insoportable, me criticaba todo. Entonces cada cosa que yo hacía tenía que tener mucha solidez porque si él veía que no tenía concepto no me la iba a aceptar. Me acuerdo que a Dárgelos lo conocí en la calle y él estaba con un disco de Residents bajo el brazo.
A mí me hace muy feliz que hayan podido construir una vida bella alrededor de una vocación hermosa. Bioy Casares una vez dijo que cuando un hombre llega a viejo, lo único que lo sostiene es una vocación. Eso es algo que tengo siempre muy presente, por eso busco estímulos todo el tiempo.
Después de haber estado en el debut de estos grupos –algunos ya inexistentes-, ¿cómo ves el presente de los que siguen en carrera?
De Juana La Loca no tengo mucha idea, la verdad. Babasónicos es evidentemente un grupo que evoluciona, no tanto como se supone, pero son muy sensibles a las ideas nuevas. Después, Los Brujos ya no existen y Martes Menta tampoco. Conozco los discos de Babasónicos porque dicen
que ningún disco de ellos está terminado si yo no lo escucho antes, y a mí me halaga muchísimo.
A mí no me gustaban mucho sus discos hasta “Dopádromo” y creo que el mejor es “Babasónica”. Asumieron una responsabilidad social que un artista famoso es bueno que tenga, es lo que más valoro. Es muy jodido transformarte en un grupo “para niños”, pasás a otro lugar. En ese afán de dar lo mejor que tienen y buscar calidad, esa es una entrega muy digna. Aunque ahora las letras me parecen muy bien escritas, no me resultan interesantes los conflictos que hay ahí, porque ya están teniendo conflictos de tipos grandes. Son historias de pendejo trasnochado y ellos ya son señores.
“Después” tuvo pocas presentaciones en vivo…
No creas, eh. Para ser yo, toqué bastante. Tocamos en La Trastienda e
hicimos un ciclo en el Alvear al que no venía nadie porque se creían que había que venir de traje. Éramos cuarenta, como mucho. Callejeros se encargó de que sea difícil. Si algo le hizo un gran daño a la gente que no llena estadios, es Callejeros y no Chabán. A Chabán le debemos los ochenta. Callejeros eliminó la clase media del rock. El compromiso del rock es generar inteligencia y acá se ha disfrazado la situación de lo contrario para vivir de la ignorancia. Pero la gente que se cree rockera es tan estúpida que no sabe que no hay que prender fuego en un lugar cerrado.
Por el momento sos uno de los pocos que defendió a Chabán.
Pipo Cipolatti y Charly García también. Omar es culpable de otra cosa que no sé si merece cárcel, que es no haber sido consistente con lo que él creía bueno y que lo importante era
hacer guita. Pero hay mucha gente que padece de lo mismo y está libre. Cuando pienso en un padre que deja a su hijo en el piso de un baño de un lugar de Omar, me parece que esa persona merece cárcel antes de ver el show.
Vos recién decías que disfrazan de rock and roll algo que no lo es. Hay una frase de Pete Townshend que dice “si se pone de pie para señalar algo que está mal pero no pide sangre para redimirlo, entonces es rock and roll”.
Es así. El estado de bardo (y no el “bardo” de los hindúes precisamente) solo conduce al bardo. Es como el otro día con los 30 años del Golpe de Estado: parece al final que los militares fueron el único cuco y la gente se está olvidando que Videla fue presidente porque ellos estuvieron de acuerdo. Por supuesto que lo que hicieron los milicos es una locura mesiánica,
pero estaba todo el mundo pidiéndolo. Acá pasa lo mismo con Chabán: el cuco pasó a ser él, o era Ibarra, que podía ser parte de un gobierno deficiente pero no merecía la destitución.
El marco de una sociedad no es la ley sino el sentido común. Mirá hasta que punto estamos que hay gente generando aparatos culturales que supuestamente representan a su gente que en realidad es la explotación de su ignorancia hecha por unos que se dan cuenta que eso es un negocio.
