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Oasis en el Campo Argentino de Polo


En su tercera visita a Buenos Aires, y con un Campo de Polo abarrotado, Oasis demostró que, sin escenarios para estadios ni pantallas de última generación, se puede mantener un show a fuerza de grandes canciones



Oasis en el Campo Argentino de Polo

No están en su pico de popularidad, pero sí tal vez en su mejor forma. Después de un período de incertidumbres  (con cambios de formaciones y discos desparejos), Oasis recobró su vigor el año pasado, con “Don’t believe the truth”, en donde la banda ya suena a un conjunto y no a cuatro individuos por separado. La comprobación empírica de esta teoría fue su show del viernes 10 en el Campo de Polo, con 45 mil fanáticos a sus pies.


En vivo, el appeal con el público pasa justamente por algo así como una indiferencia seductora. Los hermanos Gallagher rara vez dicen algo a la audiencia, el guitarrista Gem Archer y el bajista Andy Bell a lo sumo practican alguna pose roquera, pero no más. Sin embargo, al público de Oasis eso es lo que más los atrae, experimentar esa distancia tensa.

A diferencia de otros grupos (U2, Rolling Stones y un largo etc.), Oasis nunca fue un grupo amante de la parafernalia escénica. Lo suyo es la interpretación de las canciones, que las hubo y muy buenas. Y para mantener un recital con ese concepto, es preferible tener un buen respaldo. Por eso, Noel Gallagher no dudó a la hora de poner en esta gira tras la batería a Zak Starkey, un excesivo virtuoso que no solo cumple la misma función en The Who (uno de sus grupos preferidos), sino que además es el hijo de nada menos que el beatle Ringo Starr.

Por primera vez en varios años, los integrantes de Oasis están presentando un disco del cuál están orgullosos, y por eso siete de las diecinueve canciones del show fueron justamente de “Don’t relieve the truth”. Tras la apertura con “Turn up the sun” y “Lyla” –previo pedido al público por parte de un organizador para que el público baje los decibeles un poco- , llegó la hora de los himnos más roqueros de su discografía: las intenciones punk de “Bring it on down”, la eufórica “Morning glory” y “Cigarettes and alcohol”, un compendio de la tradición roquera británica dedicado por Liam Gallagher a Diego Maradona.

Como desde sus comienzos, en el show del viernes hubo un espacio para que Liam le ceda el micrófono a su hermano Noel (guitarrista y principal compositor). Primero, pasó la irónica “The importance of being idle”, pero uno de los momentos cumbre de la noche fue la bellísima “The masterplan”, cantada conmovedoramente por el mayor de los Gallagher.

Una vez vuelto Liam al escenario, el clima de fogón siguió con “Songbird” y “Mucky fingers”, donde Archer brilló con su solo de… ¡armónica! Los fans de primera hora (una especie que parecía no predominar en el Campo de Polo) celebraron enfáticamente con los cuasi himnos “Live forever” y “Acquiesce”.

Obviamente, las canciones más festejadas fueron los dos hits ineludibles de su repertorio: “Wonderwall” y la lennoniana “Don’t look back in anger”, con Noel Gallagher cediéndole el estribillo a la audiencia. Después de la psicodelia de “Champagne supernova” y la frenética “Rock and roll star”, apareció un falso final. Para los bises, aparecieron dos temas más de su último disco: los aires hindúes de “Guess god thinks i’m Abel” (con geniales aportes de Jay Darlington, ex tecladista de Kula Shaker) y “The Meaning of soul”, un minuto y medio punk con un sonido que el propio Noel describió hace poco como “Elvis pasado de Red Bull”.

A la hora de despedirse, los hermanos Gallagher siguieron su tradición y apelaron a un cover. Esta vez, fue el turno de “My generation”, de The Who, donde Starkey y Bell se lucieron en el descontrolado final del tema, mientras Noel hizo acoplar su guitarra procesándola a través de una infinidad de pedales de efectos. Con toda su parsimonia, Liam se arrimó al borde del escenario mirando al horizonte, se sacó sus lentes y guiñó un ojo, llevándose la última ovación de la noche. Con las amplificadores chirriando, la banda se despidió con escasos gestos que no frenaron los aplausos de esos 45 mil fanáticos ávidos de más.

TXT BY: Joaquin Vismara
PICS BY: Matías Garabedian
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