Slash
Todo lo que los fans de Slash esperan de él lo encontrarán en su nuevo disco: un verdadero arsenal de guitarras, un puñado de buenas canciones y una poderosa lista de estrellas invitadas. De hecho, el cd traza una línea temporal por la historia del rock pesado. Participan desde pioneros del género (Ozzy Osbourne, Iggy Pop, Lemmy Kilmister), hasta músicos más o menos coetáneos al virtuoso guitarrista (Ian Astbury, Chris Cornell, Dave Grohl) y artistas recientes (Andrew Stockdale y M Shadows ).
El personaje que Slash encarna desde los salvajes viejos tiempos con Guns N’ Roses sigue intacto. Basta con ver la foto en el interior del álbum para entender que nada cambió en el imaginario del violero: posa detrás de su artillería de Gibsons Les Pauls, con su torso desnudo, su pelo enrulado y su galera característica como si el tiempo no hubiese pasado. Musicalmente, la vieja tradición de rock crudo con bateria, bajo y muchas guitarras (algunas veces acústicas, pero mayormente eléctricas) sigue también allí. Y en los pocos momentos en que intenta algún cambio a este esquema, aparecen los puntos más flojos del disco (como el bonus track para Latinoamérica de “Paradise city” en versión hip hop con Cypress Hill y Fergie).
En cuanto a lo más alto del debut solista de Slash hay 3 tracks que no pueden saltearse:
1. “Crucify the Dead" con Ozzy Osbourne. El sello inconfundible del ex Black Sabbath en esta diatriba contra Axl Rose (“Éramos como hermanos con el mundo en nuestras manos”, “Para mí estás muerto” ). Musicalmente, Slash va de la tensa calma en la intro a la tormenta en el estribillo para lograr un tema sorprendente.
2. “Promise” con Chris Cornell. El mejor estribillo del disco: épico y pegadizo. La voz curiosamente quebrada de Cornell da forma a una canción memorable.
3. “Nothing To Say” (con M Shadows). El track con más reminiscencias a los Guns. Una poderosa demostración de riffs a alta velocidad sobre la que el líder de Avenged Sevenfold traza una melodía oscura.
El resto, mucho rock con riffs setentosos y estribillos contagiosos ( "Baby Can´t drive" con Alice Cooper en voz y Flea en bajo, "We all gone die" con la voz cada vez más grave de Iggy Pop), alguna infantable balada ("Gotten" con el cantante de Marron 5, Adam Levine ) y un poderoso instrumental con un solo inspiradísimo que deja con ganas de más ("Watch this Dave" con Duff McKagan en bajo y David Grohl en bateria en una impensada reunión en otros tiempos entre parte de Nirvana y Guns N’ Roses)
La inmensa y desequilibrada cantidad de colaboraciones que hizo Slash durante su carrera (desde Bob Dylan hasta… Paulina Rubio) se ve recompensada aquí con una devolución de gentilezas por parte de muchos nombre pesados del rock y sus alrededores. Con algunos lugares comunes (empezando por el dibujo de la tapa) pero con un sonido notable, Slash vuelve a demostrar su habilidad para manejar climas con su Gibson y a confirmar su lugar como el último gran héroe de la guitarra que dio el rock.
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Diego Valente
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Publicado el 20-05-2010
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