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A full. Hagamos de esto una leyenda.
Normalmente se suele caer en un lugar común: el tercer disco que saca una banda o artista viene a cerrar una trilogía. Numéricamente no es incorrecto, pero conceptualmente es más difícil sostenerlo. “A full. Hagamos de esto una leyenda” vendría a cumplir este rol: viene después de “Lovefidelity” y “Amor es capital”, así que, a menos que la matemática indique lo contrario, es el tercer álbum solista de Diego Billordo. Y tal vez el hilo conductor entre su obra se encuentre en la necesidad de establecer la primera persona para la voz cantante de sus canciones, ya sea para autoproclamarse “el terror de las niñas”, o bien para hacer un manifiesto personal sobre la vida del artista independiente en “Worale? Guay? Bakan? Cool? Groso?”. Allí, mientras DJ Stuart regala scracthes, Billordo sentencia que periodistas, managers, distribuidoras y groupies terminan matando a su banda.
Sus influencias no tardan en hacerse notar, ya sea por las reminiscencias a Sonic Youth al comienzo del disco o la mención de “una remera de Sleater Kinney” en “Noam Chomsky for President”. El resto del álbum opta por los caminos diversos y ambiguos: “Prefiero otro deporte” combina arreglos de violines con una melodía disonante que deriva en un estribillo virulento (“Si a vos te gusta la pala, ¿por qué no te enterrás?”), y algunos aires de ska y dancehall matizan “La puta de un vestido azul” y “La chica de once vs la puerta del sol”. Amigo de la ironía, Billordo cierra el álbum con “Fútbol 5 (sonic cebollita)”, una historia de amor dirigida a una chica que lo cambia por ir a la cancha a comportarse como un barrabrava y pelearse con la policía.

