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Una canción sin principio ni fin
Punk pop simple, directo y sin demasiadas pretensiones. Así es la música de Boas Teitas. En “Una canción si principio ni fin”, su segundo disco, el grupo ofrece en casi media hora doce temas en los que la norma es: una base rítmica acelerada, una guitarra distorsionada (más alguna acústica ocasional), un teclado que acompaña y la voz melódica de Locar tocando temáticas generalmente amorosas.
Por momentos, la banda alcanza puntos meritorios como en las pegadizas “Marea” y “Salís”. Sin embargo, la propuesta termina siendo un tanto unidireccional. De hecho, los cambios estilísticos llegan de la mano de los invitados del disco, ante lo cual queda la sensación de que las presencias externas a Boas Teitas, ayudan a que la banda se permita mirar las cosas de otro modo. Surgen, entonces, dos puntos de inflexión en los que vale la pena detenerse. Pipo Cipolatti pone su personalidad en “Emboca”, un rock rápido con arreglos vocales sesentosos que es todo un guiño al líder de Los Twist. Mientras que en “Flor prohibida” el piano de Lucas Ninci prepara el terreno para que la voz melancólica de Manuel Moretti ayude a dar forma al mejor track del disco. Un medio tiempo que no desentonaría en “Una temporada en el amor”.
En “Una canción si principio ni fin” Boas Teitas se posiciona como un grupo prolijo y eficaz en el plano del punk pop, con algunos desvíos interesantes. Habrá que ver que camino deciden seguir en el futuro.

