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Cross
Cuando los certificados de defunción del “French Touch” empezaron a esparcirse por un mundillo de la música, hubo pocos que se animaron a revertir la situación. Veamos: los parisinos de Air siguen dando manotazos de ahogado y continúan hurgando en los lugares más recónditos del easy listening para ver si se les cae una idea. Dimitri From Paris hace tiempo que se viene ganando el pan (o en este caso la baguette), haciendo las veces de DJ. Kid Loco, mismo plan, misma idea. Daft Punk anda tecleando, aunque los salvan sus colosales shows en directo. Cassius y Bob Sinclair se reinventaron y, de alguna forma, siguen a flote. Pues bien, así las cosas en el viejo y siempre bien ponderado French Touch. Ahora, ¿alguien imaginaba un refresh de dicho género? Quizá sólo los más avezados y entusiastas. Ok, entonces de seguro habrán escuchado hablar del “otro” dúo parisino (¡vaya casualidad!), que obviamente no es ninguno de los antes mencionados. ¿Ah no? Qué pena, qué picardía…
Xavier de Rosnay y Gaspard Augé conforman el binomio Justice. Ellos vendrían a ser como la renovación de un género por el que ya mucho nadie esperaba demasiado y, también, la carta más férrea que representa hoy por hoy el techno galo. ‘Cross’ se intitula su primer cachetazo y deja muy a las claras cuál es el lugar que ocupan ellos en la electrónica global. Dejemos de lado la obvia comparación con Daft Punk, Justice enseña en su primera placa la interpretación y la relectura de un house-funky vitaminizado y anabólico, como si a Giorgio Moroder lo hubiera tragado unos sintetizadores mutantes y narcóticos. Pero claro, no solo del retro-futurismo se alimentan los galos. En “Valentine”, los sintes juegan un poco a la Electric Light Orchestra, y en “Thhhee Ppaarrttyy” (con un extracto de la parte vocal de la genial “Drunk and Freaky Fried”) se sitúan a mitad de camino entre “Radio Ga Ga” de Queen y el Michael Jackson de ‘Off the Wall’. Además, en ‘Cross’, se halla el hit más colorido, adictivo y bailable de éste año: “D.A.N.C.E.” Vaya elocuencia, ¿no?
Gracias Justice por imprimirle un shock de puro regocijo y deleite a la agónica escena electrónica. Gracias Justice por existir, y por renovar nuestras esperanzas.

