The Process Of Disillusion
El trip hop alcanzó su cima y se fue desvaneciendo lentamente en la década del noventa. Hubo diferentes motivos, demasiado largos y complejos para explicar en estas líneas, para que esto sucediese. Pero, tal vez, baste con sostener que los más importantes artistas del género (Massive Attack, Portishead, Tricky y hasta Morcheeba, si se quiere) tuvieron sus momentos más destacados en sus dos primeros discos.
En la Argentina el trip hop no contó con demasiados representantes. Lendi Vexer es no de los pocos grupos que siguieron el camino trazado en la lejana Bristol. El dúo integrado por Natalie Naveira y Diego Guiñazu alcanzó cierta repercusión internacional amoldándose perfectamente a las reglas del género. Y esta es, a la vez, la principal virtud y el principal problema con “The Process Of Disillusion”. Es decir, el trabajo sonoro que realiza Guiñazu es inobjetable y la melancólica sensualidad de la voz de Naveira al entonar letras en inglés no tiene nada que envidiarle a Beth Gibbons. Sin embargo, los oídos entrenados en “Dummy” y “Manxiquaye” no encontrarán muchas sorpresas aquí. Tal vez por eso, los momentos más interesantes del disco aparecen cuando la banda se saca a Bristol de la cabeza por un rato. Como en “Suicidal Adage (spañish version)” única letra completamente en castellano y decorada con guitarras españolas o en los extraños climas bluseros de “Burdel (interlude) y hasta en la incontenible sensualidad de “Looking for my time” y el downtempo reflexivo de “Simple cycle” con un notable uso de orquestaciones y la presencia de un theremin en manos de Guiñazu (quien además de cantar muy bien, es multinstrumentista).
Luego hay varios tracks, muy logrados desde el punto de vista sonoro pero que remiten directamente a Portishead. Dos casos a modo de ejemplo: el sonido a púa de bandeja de discos, la guitarra eléctrica apagada y la voz sufriente de Natalie en “A boot doesn’t ask” o el redoblante electrónico de “To play again” que recuerda a “Cowboys”.
Sin embargo, hay un rasgo que distingue a Lendi Vexer de sus pares del otro lado del océano: cierta recurrencia de letras con mensaje social. ¿Trip hop de protesta? Algo así. Este es un denominador común de tracks como: “11 de Octubre” o el que titula el álbum con sus referencias a torturadores perdonados.
Las atmósferas opresivas y cargadas de suspenso heredadas de Bristol son un atractivo punto de partida. Pero la música de Lendi Vexer brilla especialmente cuando experimentan con elementos que los llevan más allá de los cánones del trip hop inglés. Habrá que ver si optan por esta clase de desvíos en su próximo disco.
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