Dig Out Your Soul
A catorce años de su álbum debut, el esencial “Definitely Maybe”, cada vez que Oasis publica un nuevo disco, cínicos y detractores se pelean por quien instaura primero el debate de si Noel Gallagher perdió la magia hace rato y si cada trabajo de estudio no hace más que reiterar los peores clichés del anterior.
Atrás quedaron los días de temas efectivos, himnos conmovedores y una arrogancia a prueba de fracasos, y eso lo saben tanto ellos como su público.
Sin embargo, por primera vez en mucho tiempo, la banda de Manchester tiene en sus manos su tan ansiado disco “diferente”, porque ese es el primer adjetivo que le sienta a “Dig Out Your Soul” al momento de describirlo en relación al resto de la obra de Oasis. Los hermanos Gallagher ya no son aquellos jóvenes arrogantes (al menos no lo primero) que se amparaban en su soberbia para no reparar en álbumes flojos como “Heathen Chemistry” y ahora apuestan a hacer algo que parece realmente responder a sus curiosidades.
“Dig Out Your Soul” respira aire a tiempos pasados, más precisamente al rock psicodélico de fines de los ’60 tamizado por el filtro Oasis. La batería marchante de “Bag it up” y los aires volados de “To be where there’s life”, compuesta por Gem Archer y grabada sin guitarras, dan cuenta de eso.
También hay guiños al glam rock en la contundente “The nature of reality” (en la que el bajista Andy Bell cita a Schopenhauer con la frase: “La naturaleza de la realidad es pura fantasía subjetiva”) y en “Waiting for the rapture”, que pasa de un ritmo somnoliento a un estribillo logrado.
Quienes busquen un guiño a los viejos tiempos, lo encontrarán solo en dos canciones: el single “The shock of the lightning” (un rock contundente con la voz de Liam en uno de sus mejores trabajos en años) y la balada “I’m outta time”, firmada por el menor de los Gallagher e inspirada un poco demasiado en su siempre presente ídolo John Lennon, al punto de terminar con el audio de la última entrevista que dio en vida. Después hay blues ralentado (“(Get off your) High horse lady)”), rock a secas (“Ain’t got nothin’”, “The turning”) y espacio para la experimentación, como en “Falling down”, donde Noel entrega una de sus mejores composiciones en años, mezclando una melodía acústica con una batería deudora de “Tomorrow never knows” de The Beatles.
Oasis ya no apuesta a querer convencer a todo el que se cruce en su camino de que son la mejor banda del mundo, eso ya lo intentaron en otros tiempos y no prosperó. Esta vez, optaron por evitar repetirse y el resultado es más que auspicioso, con canciones que evaden su propia fórmula y que de una vez por todas demuestran (al público y también a ellos mismos) que están en condiciones de evadir sus propias obviedades. ¿El resultado? Su disco más logrado en mucho tiempo.