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Su majestad
Una historia de idas y vueltas. Rosal terminó de grabar “Su Majestad” a principios de 2006 y en ese año salió la placa en Japón. Sin embargo, la reedición de sus dos primeros discos vía Pop Art en nuestro país, retrasó casi un año la versión local del álbum. Para sumarle vicisitudes al asunto, el inquieto Fernando Samalea (quien grabó las baterías del disco) dejó la banda en 2006. Finalmente, “Su Majestad” vio la luz y se estableció rápidamente como uno de los discos más interesantes del año por estas latitudes.
La placa es un conjunto de canciones frágiles repletas de atmósferas etéreas sobre las que esa notable cantante que es María Ezquiaga construye melodías delicadas. Para lograr estos climas de ensueño es clave el trabajo de Mauro Conforti en teclados, quien utiliza diversos instrumentos (farfisa, rhodes, moog, hammond) sin alardes de virtuosismo innecesarios sino limitándose a tocar lo que cada canción estrictamente necesita. Ya es un lugar común, asociar a Rosal con el romanticismo. Sin embargo, a ese innegable romanticismo debe adjuntársele, al menos en “Su Majestad”, la palabra melancolía. En efecto, el disco esta repleto de letras sobre relaciones truncas y amores conflictivos. Allí están por ejemplo “Perdón” (“Vos no me entendiste y era mejor no hablar/ así que me fui”) o la bellísima “Los ´90”, una balada que es como una gota de rocío en la que María remite a una época mientras rememora un amor complicado (“Estás borracho, ya sé /la escena es similar diciendo cosas que me hacen mal/ esa ironía no me hace gracia/ es peligroso jugar con lo que te aleja”).
Alguien podrá sostener que promediando el álbum se nota cierta monotonía (es decir, que tal vez haya uno o dos tracks prescindibles) y tal vez tendrá razón. Esto, sin embargo, termina siendo anecdótico frente al abanico de buenas canciones que ofrece “Su Majestad”. Desde la somnolencia de “Remeras” al inesperado arreglo rockero (a lo Rosario Blefari) de “Yo soy yo” o el pop luminoso de “Nos encontramos”.
En estos tiempos en los que la creatividad no abunda, hay una chica y un grupo de músicos precisos ofreciéndole al mundo un puñado de buenas canciones, de esas que uno vuelve a escuchar una y otra vez con gusto. Esa es una razón suficiente para reservarle al disco un lugar a en nuestras discotecas.

