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Desayuno de campeones
Quienes hayan prestado atención al pop guitarrero argentino de la última mitad de los noventa recordarán a Grand Prix. La banda, liderada por Sebastián Rubin, había logrado cierto reconocimiento en España y fue uno de los pocos grupos de esos años que elogió Charly García tras escuchar la curiosa versión que registraron de su tema “Quiero ver, quiero ser, quiero entrar”. Con Grand Prix fuera de carrera, su líder dio forma a Rubin y Los Subtitulados; grupo en el que conserva su pasión por las melodías gentiles y las guitarras power pop a lo Teenage Fanclub. Sin embargo, también hay influencias extramusicales que han demostrado tener un papel muy importante en la propuesta musical de Rubin modelo 99. En especial la del escritor estadounidense Kurt Vonnegut. Ya el título del nuevo disco es homónimo a la clásica novela de Vonnegut, de quien la banda tomó también una frase con la que el oyente se encuentra apenas abre el cd: “Toda la música es sagrada”. ¿Y cómo es la música que propone en este nuevo trabajo la banda argentina? Para entender el disco hay que prestar atención a la dialéctica entre el pop acelerado de guitarras eléctricas y las baladas acústicas. Es que la mayoría de los tracks del cd responden a uno u otro modelo. De un lado, las melodías amables (por momentos un tanto empalagosas) y el pulso rockero de temas como “Quien debo ser esta vez”, “El día que nunca termina” o “Nada”. En el extremo opuesto, las baladas otoñales con guitarras acústicas, pianos ocasionales y ciertas reminiscencias a Ray Davies (“Los encerraditos”, “Aparecer” o “Quiero que me vengas a buscar” que deriva en un interesante pasaje eléctrico que pone fin al álbum). Acaso una de las pocas variaciones a este esquema este en “Lo que ves es lo que hay”, una contundente muestra de pop barroco cargado de cuerdas.
“Desayuno de campeones” es una apuesta al clasicismo pop al estilo británico. Tal vez, buscar algunas variantes sonoras e intentar probar nuevos caminos no le vendría mal a Rubin y los suyos.

