Cómo Estuvo
Alan Parsons en el Luna Park
El genial Alan Parsons retornó a la Argentina y, ante el desánimo de muchos que consideraban que el espectáculo no iba a sonar como en el Gran Rex, sorprendió al convertir al estadio Luna Park en un verdadero teatro, con una calidad de sonido suprema.

Su origen como ingeniero de sonido –los desprevenidos pueden no saber que él fue responsable de esa labor en discos como “Abbey Road” de The Beatles y “The Dark Side of the Moon” de Pink Floyd- no le permitió traicionar al oído de los más de tres mil quinientos espectadores presentes, que pudieron oír –por fin en el Luna Park- un show que sonaba bien hasta en los baños del recinto.
La precisión parece ser el emblema del conjunto liderado por Parsons, quien, ubicado en la parte trasera del escenario, subido a una tarima cual Zeus en el Olimpo, dirigía la sesión desde las 22horas en punto, como estaba previsto, sin necesidad de mirar a sus secuaces musicales, que conocen su trabajo de pé a pá.
El set inició con la instrumental “I robot”, seguido de “(The System Of) Doctor Tarr and Professor Fether”, pieza de su ópera prima como compositor y músico de 1976 “Tales of mystery and imagination", como para encender motores.
Sin embargo, la primera canción que agitó las masas fue “Don’t answer me”, un hit de mediados de la década del ’80, etapa en la que Parsons tuvo gran repercusión con su “Project”.
“Breakdown” y “The raven” le dieron lugar al floydesco “Time” –parecido en nombre y en sonido a alguna canción salida del Lado oscuro de la luna-. Seguido a esto, “I wouldn’t want to be like you” se convirtió en la tercera pieza del disco I robot de 1977 en ser interpretada esa noche, que lo encontró a Parsons, con su look “Dave Grohl ancho”, más ocupado en la guitarra rítmica que en el teclado, como solía suceder en los primeros años de su incursión en la música.
El proyecto de Parsons
Si bien en ocasiones intercalaba las seis cuerdas por las teclas, el encargado principal de los pianos fue Manny Focarazzo. Parsons, como de costumbre, tampoco fue el encargado de las voces principales en el noventa y nueve por ciento de los temas, tarea de la que se encargaron el vocalista P. J. Olsson y el también saxofonista Todd Cooper, mientras que el guitarrista Alastair Greene también se hizo de un par de canciones como cantante líder.
La sólida base estuvo a cargo del israelí Guy Erez en bajo y el californiano Danny Thompson que se encargó de darle palo a la batería para que suene como una exacta réplica del ochentoso sonido de los álbumes progresivos de Parsons.
El tema inspirado por la obra de Gaudí “La sagrada familia” fue el encargado de darle el siguiente aire al show, aunque Todd Cooper se hizo del público en la siguiente canción, Psychobabble, donde “peló” voz.

Los aplausos fueron luego para el guitarrista Greene, que no solo cantó “Prime time”, sino que sacó de la nada un impresionante solo que le valió que más de uno se pusiera de pie.
Pero el show tenía que seguir, y de qué manera: la suite que ocupa el lado B del álbum “The turn of a friendly card” sonó completa en el Luna Park, desde el segmento que le da nombre al disco hasta “Nothing left to lose”, pasando por el atrevido “Snake eyes” y el fragmento con aire barroco/celta/progresivo –en ese orden- “The ace of swords”, donde se destacó el clavicordio que ejecutó Parsons –su más larga interpretación en teclados de la noche-.
Luego, la noche estaría a punto de acabar, con un punto altísimo. La más esperada de la noche, quizás. “Sirius” sería la antesala a “Eye in the sky”, probablemente el máximo hit del artista, que él mismo cantó.
Luego de hora y media de show, nadie quería abandonar su butaca. Por eso, Parsons y compañía debieron volver a escena para concluir el espectáculo con la tripleta compuesta por “Damned if I do”, “Old and wise” y “Games people play”.
Tras una hora y cuarenta minutos de show sí, ya era momento de despegarse de la butaca, aunque ya todos estaban de pie, ovacionando la calidad y precisión del artista inglés, que abrió sus brazos a modo de saludo y, esperamos, dejó la consola del Luna configurada para que el próximo artista suene tan bien como él.