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Alice Cooper
El ticket de ingreso al Estadio Malvinas Argentinas, indica: ALICE COOPER. No More Mr. Nice Guy. The Original Evil Return. ¿Qué más agregar al programa?
Esos dos nerds tan encantadores, geeks de alma y melómanos naives, se hincan de rodillas ante él y le confiesan: “¡No somos dignos! ¡No somos dignos!”. Wayne y Garth, de El Mundo Según Wayne, no son subnormales, saben muy bien a quién le están rindiendo pleitesía. Esa clásica escena de una de las películas de culto más desopilantes de los ’90 bien puedo repetirse el sábado por la noche en el Malvinas Argentinas.
La escasa convocatoria (el estadio apenas arañaba el 50% de su capacidad), no afectó en nada a los peregrinos que se congregaron frente a las vallas de contención del escenario y que aguardaban por una masiva reverencia. Ah, cierto, ¿sobre quién estamos predicando? Pues bien, dicen que una imagen vale más que mil palabras, ¿y un efecto visual entonces? Con el telón volcado sobre el escenario y los músicos ya en escena, Alice Cooper se aproximó hasta el medio del tablado en una escalera/tarima.

Sobre su púlpito, emanaba una siniestra arrogancia. Enfundado en su clásico traje con las extremidades de un arácnido, repartía gestos vehementes con su bastón, mientras “Black Widow” se deshacía entre cargados riffs crucificados por sus tres notables guitarristas (uno de ellos, Steve Hunter, acompaña a Cooper desde la década del ’70). Cuarenta años representando todo un estilo, una obra que luego emularían los propios Kiss, Marilyn Manson, Rob Zombie y hasta bandas más radicales como Slipknot.
Un solo gesto de Alice Cooper llena todo el escenario. Aún conviven en él ese espíritu y esa afición por lo más macabro del teatro, lo más truculento del cine clásico de Terror y ese eterno tributo a la marcada adolescencia. Precisamente, con “I’m Eighteen” comenzó a delinear un encadenamiento de hits seminales del rock norteamericano del 70 y de los 80: “Under My Wheels”, “Billions Dollar Babies”, “No More Mr. Nice Guy”, “Hey Stoopid” e “Is it My Body”, señalaron por qué Alice Cooper, además de ser el mejor representante del Shock Rock, ostenta con comodidad ese status indiscutible de figura alegórica que dio el Rock en los últimos cuarenta años.
Los cambios de vestuario no cesan, menos aún los característicos gimmicks. En la novel “I’ll Bite Your Face Off”, comenzó con una chaqueta que en su espalda rezaba: “NEW SONG”. Una vez despojada de ella, una camisa contenía el mencionado título de la canción. Mr. Cooper sabe muy bien cómo vender lo suyo. La danza amor/odio con la muñeca de trapo en “Only Women Bleed” es hipnótica e hilarantemente visceral. “Feed My Frankenstein”, gran hit desterrado de los primeros ’90 y ahora infaltable himno en su repertorio, agiganta la imagen de Alice Cooper tras un fallido y bizarro experimento de clonación y añade al espectáculo un impactante muñeco de tres metros que acecha a los músicos y hasta modula la letra de la canción (¿!) . Al abusivo paparazzi que insistió en tomar instantáneas durante el show, en “Wicked Young Man”, vio su destino más funesto: el maquillado frotman lo atraviesa de lado a lado con una certera lanza de acero. Con Alice Cooper no se jode. Pero claro, el crimen no paga. Un dudoso comando SWAT viene briosamente a por él en la delatora “Killer”. ¡A la guillotina! Ese truco no falla. Alucinante. Ver para creer.
Con la alegórica “I Love the Dead”, retorna en vida al escenario (valga con la contradicción). El empalme con la anhelada “School’s Out”, que tuvo su oportuno medley con “Another Brick in the Wall (Part II), cerró uno de los segmentos para el sexagenario que mejor sabe brindar un auténtico show por estos días. Ya con los bises a cuestas y en poco más de noventa minutos, “Elected” devolvió a Alice Cooper revestido de los colores nacionales y coronando su excursión con una animosa versión de “Fire” perteneciente a Jimi Hendrix.
¿Querían show o querían rock? Ambos. Alice Cooper se hace cargo del pedido. La bruja invita. La cuenta fue saldada nuevamente con creces.


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