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Banda de Turistas
Es el momento de un cambio. De un cambio generacional, de ideas viejas pero que suenen nuevas. De apostar a la veracidad y al crecimiento. Banda de Turistas está convencida de que tiene con qué. Habrá que creerles, no son un juego de niños
Señalados como la “next big thing”, los Banda de Turistas están en vías de confirmar todo lo (bueno) que se dice de ellos. El 2008 los mantiene inquietos, laboriosos y prolíficos. Formaron parte de la maratónica sesión de bandas, que después dió forma al Motorokr Band Warz, llegando a quedar entre los Top 10 del concurso. BDT no surgió efecto, parece ser, y se quedaron con las ganas de llevarse aquél ¿preciado? laureo. Así las cosas, aquél ejercicio marketinero al menos les sirvió para darse a conocer ante cientos que ignoraban su huella teenager y retro. Todo suma. Al poco tiempo, llegaría el alimentadísimo debut discográfico: ‘Mágico Corazón Radiofónico’, disco que presentaron el pasado sábado en Plasma.
Como antesala, y nada más favorable, estuvieron los cofrades de Jackson Souvenirs. Con la ausencia de uno de sus miembros fundadores, Javier Díz (baterista), que andaba con algunas nanas, los JS establecieron en plan instrumental climas volátiles e incorpóreos, sostenidos por bases mínimas y monocordes, a las cuales se les iba agregando loops de guitarra (cortesía de Sebastián Kramer), y sonidos espaciales característicos del Mini Moog (atención de Norman McLoughlin). Un viaje inmediato a las galaxias donde residen Mogwai y Slint. Lamentablemente, la tecnología y el tiempo (?) no fueron sus mejores aliados y el show terminó abruptamente con un lapidario “buenas noches”. Una desdicha.
Ahora sí, los cuantiosos que aguardaron ése momento, al fin tuvieron su recompensa. Y es que ya mucho se ha hablado de las notables y considerablemente nítidas influencias de los chicos de Banda de Turistas. La generación MP3 abusa del download y no filtra nada, haciendo que la música sea un acto pasatista y que acumula espacio en sus diminutos iPods. No se trata de eso simplemente, porque para el quinteto porteño ése consumo voraz fue, es y será súper nutritivo y útil. Sonidos y armonías que permanecen allí, desde hace décadas, pero que cada tanto es saludable desenterrarlas, enrostrarlas y hasta hacer uso y abuso de los mismos. Y ahí es dónde se nota la mano del artista; si es sólo una pose de moda o estamos ante una de las bandas pop más prometedoras del momento. “Un Verdadero Cajón de Madera”, canción que abrió la faena, contiene todos los ingredientes que se necesitan para un hit. Bruno Albano (voz y bajo), entona retraídamente pero con convicción “Un verdadero cajón de madera nos pensabas regalar, y después nosotros, te lo prometo, lo recordaremos con cordialidad”, sobre un sonido deudor de la Brian Jonestown Massacre. Hay cierto amateurismo que enternece, pero a no equivocarse: sus cortas edades por momentos no condicen con lo que –supuestamente- se esperaría de ellos. Hay más bien una entrega solemne, genuina y hasta envidiable. Hagan memoria, ¿cuántos grupos de ésa edad son los que representan la renovación del nuevo under? La franja etaria difícilmente baje los veinticinco años (y mucho menos que tengan como principal referente musical a Los Gatos). “Todo Vaya por la Cábala” y “Todo Mío el Otoño”, canción que vocaliza con elegancia Tomás “Tucán” Putruele (segunda guitarra y voz), son ambas irresistibles, hits instantáneos, distintas, ATP, la dicha más próxima a los oídos.
Un show corto, efectivo y renovador. Con la certeza de que quizá no haya nada nuevo bajo el sol, pero con chavales que no superan los veintiún años, podemos dar por hecho de que el calor que irradia ese sol irá alcanzando su temperatura justa.
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