Cómo Estuvo
Alfonso el Pintor y Fantasmagoria en Kika
“Sympathy for the party” es una fiesta que se realiza semanal y nómadamente, comandada por el psicodélico dúo que conforman Pato Dominguez y Gori Gore, bajo la denominada sociedad “Glitterhouse Entertainment”. Las últimas semanas estacionaron en Kika, y así se logró ver dos caras de lo que llaman rock, pop o indie en esta costumbre de las definiciones, cuando en el mismo escenario abrió la noche Alfonso el Pintor, para luego darle paso al anfitrión con la banda que lidera, Fantasmagoria.

Ambos organizan fiestas, pasan música, y como para poder sentarse en la misma mesa que Pappo a discutir acerca de la vieja pelea de “DJ vs. Músicos”, ambos también hacen música y lideran dos bandas que siempre es bueno ir a ver, escuchar, seguir y estar atento a lo que se traen. Tanto Emiliano, conocido como Alfonso el Pintor, como Gori con Fantasmagoria, saben hacer ruido más allá que estén tocando sus violas o pinchando discos, por que cada uno con estilos diferentes se encargan de renovar una escena que suele hacer bandera de romper esquemas pero en la práctica suelen temer correr el riesgo de quedar fuera del foco que los ha visto posicionarse. Cada uno con su trayectoria hoy por hoy gozan de buena salud, son bien vistos y a la vez siguen auto generando su lugar, como para no perderse en la carnicería del ámbito local.
El organizador de la Instant Kissing Party, sigue invitando a todos a entrar a “La casa rosada”. El flamante disco de Alfonso el Pintor suena en vivo tan calidamente como en su audio original, con esa misma suavidad e intensidad, gracias al contraste de sonidos que podrían describirse de coloridos por lo diversos y movedizos que resultan, y distraen cierta catarsis que se desprende de las letras con esperanza o deseos más ocultos de cualquier mortal. Entonces hasta alguna canción más lenta resulta ser bailable, desprendiendo algún dolor guardado y siendo cantada, aplaudida y festejada por los presentes con una sonrisa en la cara. Mientras el show transcurre queda en el aire la sensación de pasarla bien, de sentirse bien y de darle nombre a diferentes emociones que uno no sabe como describir pero siempre encuentra en las canciones la forma de explicarlas. La clave es que Alfonso lo hace invitando a reciclarlo, a curar para poder ir por nuevos dolores que también desprendan otras ilusiones, desde la óptica del poder ir por mas aceptando aquello que somos y aunque este todo perdiéndose. En vivo, “La casa Rosada” vale más.
Fantasmagoria es un mix de bandas clásicas. Tienen la estética perfecta para las dobles páginas de la revistas de rock de esas de las que ya no hay, incluso para empapelar las habitaciones con esos pósters gigantes que la 13/20 o Generación X sabían traer. Desde los New York Dolls, pasando por Trex y hasta los Ramones, tranquilamente podrían ser parte de largas mesas de whisky y largas zapadas de rock junto a ellos. Gori tiene buen equipo: él lidera, seduce, canta, sabe como caminar el escenario acomodando su guitarra. Fantasmagoria, que es cien por cien creación de su etapa solista post Fun People, resulta ser una sólida banda en la que todos los integrantes empalman a la perfección. Suenan, representan, hacen rock más blues y coquetean con el pop, cada nota es un concepto amplio de lo que se oye, viajan por varias ramas sin quedarse en ningún estilo en particular pero mostrándose muy cómodos en todos. Verlos en vivo resulta un paseo por diferentes décadas de la historia de la música, y para cualquier aprendiz, Fantasmagoria es una puerta que se abre para pasar a ver que hay detrás de ellos. Y así como lo que hay detrás es mucho e inmenso, en su pasado al lado de Nekro comenzó a escribir una historia que supo dar vuelta una página para hacer ahora la propia.
Después de los dos vivos, vinieron los set y los temblores en la pista trasera de Kika. Todos bailan, comparten la noche con amigos y conocidos, habitúes de estas fiestas y los que se van sumando a ver que pasa. La diversidad siempre es motivo de brindis, y más cuando desde las diferencias de la primera impresión se entiende que la esencia y motivación es la misma, felizmente la misma: una noche de buena música como esas de las que tanto cuesta encontrar. Así deja de ser una jornada palermitana común y pasa a ser una noche en la que se generan nuevas formas. Quienes fueron los protagonistas saben como hacer para no pasar por desapercibido, y saben hacerlo desde el buen trabajo, por que vivir de lo que gusta o da placer también es trabajo con el plus de ser “muy trabajoso” en una ciudad cada vez más de la furia, en las que se achican los espacios culturales en proporción a que cada vez cuesta más producir discos y luego salir a tocar. Tomar un disco de cada una de estas dos bandas y poder ir a verlos, es poder ver que el salirse de las etiquetas es la mejor revolución que se puede hacer, la de oír y hacerse oír en este lugar del mundo que pide a gritos que no callen al arte y que lo dejen mostrar la cara que entretiene, pero también la que reflexiona y motiva.