Franz Ferdinand
El cuarteto escocés destiló una veintena de canciones en clave adrenalínica en su segunda visita a Buenos Aires.
Hace rato que quedó claro que las apariencias dicen poco y nada. Quien mire la tapa de “Tonight”, tercer disco de estudio de Franz Ferdinand, al ver a los cuatro escoceses posando de riguroso traje negro, quizás no pueda esperar de ellos más que prolijidad y aliño. Lo que sería un error, y de los graves: en su show del viernes en el Luna Park, quedó en claro que están más cerca del fervor garagero que de la elegancia new-wave.
La pauta de etiqueta rigió solo para su vestuario. Desde el vamos, la triada “Bite Hard”-“Dark Of The Matinée”-“Do You Want To” anticipó cuál sería la constante de la noche. Riffs de guitarra precisos, una constante incitación al baile y una facilidad casi natural para facturar hits. Comandada por un desencajadísimo Alex Kapranos, la banda le agregó a sus canciones una saludable pátina de desprolijidad propia de la euforia y la visceralidad sanguínea con que fueron interpretadas.
Sin más artilugios que una formación clásica de banda, Franz Ferdinand sabe cómo convertir un estadio de box en una improvisada pista de baile rockera, gracias a temas infalibles como “This Boy”, “Ulysses” y el tour de Force de “Take Me Out”. Este desborde de energía no se sintió como impostado: Kapranos y el guitarrista Nick McCarthy (de riguroso look beatle, con saco entallado y corte de pelo al tono) machacan sus instrumentos con saña, se trepan a sus amplificadores e inclusive gesticulan al público para que el agite no decaiga. Algo más bajo perfil, el bajista Bob Hardy se convierte en el complemento ideal para las bases entrecortadas del baterista Paul Thomson.
La balada “Walk away” y una versión a guitarra y voz de “Jacqueline” fueron los únicos respiros que brindó una lista de temas que repasó lo mejor de sus tres discos, incluyendo dos añejos lados b (“Van Tango” y “Shopping For Blood”). Al igual que en su anterior visita (en el 2006, como teloneros de U2 en River y con otra fecha por su cuenta también en el Luna Park), uno de los puntos más altos del show fue el final de “Outsiders”. Mientras la banda se sumergía en una coda guitarrera, los plomos armaron otra batería al frente del escenario. ¿El resultado? Los cuatro músicos tocándola a ocho manos, un gesto más cerca de Mayumaná y Stomp antes que de Gang Of Four, Fire Engines u Orange Juice, por mencionar tres de sus influencias más evidentes.
Lejos de la complacencia, los bises (¡seis canciones más!) tampoco dieron respiro, con una versión incendiaria (¡cuando no!) de “This Fire”, “No You Girls” y “Tell Her Tonight”. El cierre con “Lucid Dreams”, con Kapranos y McCarthy cambiando las seis cuerdas por las teclas de sendos sintetizadores vintage, dio lugar a una zapada electrónica que sonó como si Kraftwerk ensayara con Wire. Quizás sea un anticipo del rumbo que tomarán en su cuarto disco, o tal vez solo sea un recurso escénico bien utilizado. Sea cual fuere, lo cierto es que solo quieren divertirse. Y cuando lo hacen, el sentimiento es mutuo en el público.
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Joaquin Vismara
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Diego Fioravanti
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