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Por Joaquin Vismara reportar    Compartir

Placebo

A pesar de una serie de inconvenientes, el trío inglés ajustó sus piezas para un show preciso con un volumen ensordecedor basado en las canciones de su último disco de estudio.





Placebo

Para llevar su tercera visita a buen puerto, Placebo debió sortear más de un obstáculo. Primero, el show sufrió un cambio geográfico: una semana antes de la fecha, se pasó de GEBA a Malvinas Argentinas. El cambio jugó a favor, ya que el estadio cerrado generó un clima de contacto más personal que el que se puede lograr a cielo abierto. A la hora de salir a tocar, bastó que la banda tocara medio compás de “For what it’s worth” (primer tema del show) para que se cortase la luz en todo el escenario. Ante un público estupefacto, ansioso e irritado, Brian Molko solo pudo hacer un gesto pidiendo paciencia. Diez minutos después, todo estaba solucionado y el show continuó, si bien la pantalla lcd falló en casi la mitad del recital.  

 

Percances técnicos y logísticos aparte, Placebo dio un show estridente y apretado con una lista que, si bien dejó muchas luminarias de lado, fue un muestrario preciso de la identidad del grupo.  “Muchas gracias, chicos y chicas, hermanos y hermanos,  pendejos y pendejas. Yo soy Brian y el nombre de mi grupo de rock es Placebo”. Con un perfecto español, Molko hizo un contacto fugaz con el público antes de “Battle for the sun” (uno de los pocos de la noche) que hizo combustión instantánea en todo el estadio. A diferencia de sus anteriores visitas, el sábado optó por ser medido en la cantidad de sus palabras y de sus intervenciones.  Nada de demagogia, ni de loas a la ciudad o a la mejor audiencia del mundo. Como mucho, algún gesto facial complaciente para la primera fila.  

 

La excusa de este tour es “Battle for the sun”, su sexto disco, y por eso mismo diez de las veinte canciones que sonaron en La Paternal fueron de dicho álbum. Para alcanzar la contundencia lograda en el estudio, el grupo (que se completa con Stefan Olsdal en bajo y guitarra y Steve Forrest, un marcial y virtuoso baterista de 23 años) cuenta con un trío de apoyo que agrega sintetizadores, teclados, violín eléctrico y theremin. De esta manera, “Breathe underwater” , “The never-ending why” y “Ashtray heart”, con su estribillo en español, fueron fielmente reproducidas.  

 

La selección de temas no fue complaciente, pero tiene su explicación. Desde su tercer disco, Black Market Music, y sobre todo a partir del siguiente, Sleeping With Ghosts, Placebo delineó su sonido hacia un terreno donde se cruzan el ruido, el rock algo lúgubre y la electrónica, una propuesta que poco tiene en común con los aires de sus dos primeros trabajos. Por eso, si bien se extrañaron hits de antaño como “Pure morning”, “36 degrees”, “Nancy boy” o “Teenage angst”, la inclusión de “Special K”, “The bitter end” y, especialmente la muy festejada “Every you, every me”, sonó más acorde a la estética sonora actual de la banda.  

 

A pesar de los percances sufridos antes y durante el recital, la banda se mostró en óptima forma y muy a gusto. Cada espacio abierto para la improvisación y el ruido blanco, como en el final del show, con “Taste in men”. Parecía una terapia de catarsis física: Molko acoplando su guitarra, Osldal usando su bajo como escoba por el piso del escenario y Forrest intentando destruir su batería con cada golpe.  Las especulaciones valen poco y nada (¿Estaban enojados? ¿Volverán o se fueron ofendidos?); lo cierto es que aun en condiciones mucho menos que favorables, Placebo se puso el show al hombro y cumplió con más de lo esperado.   

TXT BY: Joaquin Vismara
PICS BY: Diego Fioravanti
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