Cómo Estuvo
Los Auténticos Decadentes en el Luna Park
Que las irritables vuvuselas callen alguna vez, es solo cuestión
de tiempo. Que los Auténticos Decadentes vuelvan a regalar otro
animoso disco como ‘Irrompibles’, hace que el tiempo se detenga por un
instante y se pegue una vuelta por el Luna Park.

“Más que un clásico, son una Leyenda”.
Una voz en off portentosa retumba en el Palacio de los Deportes y anuncia el ingreso de los Machos al rodeo. La contienda parece estar sembrada por clásicos pesados de ayer, de hoy y de siempre. Ataviados con atuendos de cowboys, Los Auténticos Decadentes se van acomodando dentro de los ¡dos! Niveles escenográficos que arreglaron para la ocasión. Se acomodan los sombreros (todos y cada uno de ellos portaban uno), aclaran la garganta, adulan sus instrumentos y se disponen a darle batalla al Cancionero Popular y Nacional por espacio de casi dos horas.
Con un tridente perteneciente a su última producción, ‘Irrompibles’, los Deca marcharon con “Los Machos”, “Tribus Urbanas” (con danzarines multicolores en escena) y “Distrito Federal”. Estos fueron adobando a fuego lento al público para luego poder transportarlos a esa galaxia decadente, donde las canciones están indefectiblemente tatuadas en el inconciente colectivo argentino. No fue hasta “Cómo Me voy a Olvidar” que esa máquina incansable de hits activó sus sensores y comenzó a zarandear la memoria emotiva de la audiencia. De las treinta canciones que dispusieron, al menos veinte de ellas repiquetearon en la cabeza como rulo de tambor (oportunismo Decadente), a lo largo de dos décadas. Cada una de ellas es un enlace inmediato a diferentes momentos de festividad y de alegría. La sempiterna “Pendeviejo”, la cumbia romanticona “Corazón” (que se le añade por carácter similar a “Besándote”), las baladas tontolonas “(Loco) Tu Forma de Ser” y “La Prima Lejana”, con toda la chabacanería ridícula -pero práctica- que reconoce “con el amigo parado voy corriendo al mar”, efectivismo puro y encantador, son clásicos imperecederos. La caterva de invitados también se deleitó en el escenario rocoso del Luna Park. Para el Momento Serrano de la noche, subieron algunos de los Súper Ratones junto a Martín Aloé en bajo para despacharse con “Viviré por Siempre” y “Fósforo” (ésta última perteneciente a su disco solista, ‘Alamut’). El cenit participativo llegaría recargado con luminarias varias y dispares. Una tarima bolichera llega sobre ruedas hasta el centro del escenario. El experto y antológico DJ Alejandro Pont Lezica iba a imprimir una pátina retro arrojada desde sus vinilos (se presume) con pulso disco y funk. “Billy Jean”, “Funky Town” y la zapateada de “Last Train to London” se iban a fusionar con los pasitos de baile glamorosos de Emmanuel Horvilleur en “Cultura Disco” y a la postre con el Himno Trampero por excelencia: “Los Piratas”. Aquella no sería satisfactoria sin un par de bellas bailarinas tapizadas en diminutos bikinis. “Están contentos, ¿no guachos?”, agita Cucho, viejo conocedor del paño. En “Festival de Rock”, el Principito del Desorden (así lo presentó Parisi), Joaquín Levinton le aportó nerviosismo y descalabro a la (des) dicha en movimiento. Inquietante. La oda al vagoneta iba a llegar de la mano de... bueno, de un invitado particular y pertinente: El Bebe Contepomi (¿?). “Bueno, el tipo me dijo que quería subir a cantarla, y acá está”, añadió Cucho. De tan bizarro que fue, el mismísimo Bebe se olvidó la letra. Tres cambios más abajo estuvo la performance del ascendente Dread Mar-I en “Vos y el Viento” y en la antes mencionada “Besándote”. Con espíritu aún alegre y las ganas siempre renovadas, “El Murguero” reafirmó por qué es LA canción de las canchas argentinas. Himno nacional, ansiedad mundialista, pasión de multitudes, “Vení Raquel” sigue siendo aquella canción que todos alguna vez bailaron. ¡Sin excepciones! El final con “No Puedo” pegada a “Siga el Baile”, determinó la vigencia de Los Auténticos Decadentes para con la felicidad y el deleite nacional. El baile sigue, siguió y seguirá hasta que nuestros corazones se apaguen. Porque ellos permanecerán indestructibles, decadentes y auténticos. Irrompibles.
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