Cómo Estuvo
Bon Jovi en River
Quince años de ausencia, tres horas de show y miles de kilómetros de Rock. Lo que trajo de vuelta a Bon Jovi a nuestro país no fueron los números, sino el mero hecho de reencontrarse con su público fiel. Junto con ellos, un vagón de hits inoxidables.

El Monumental de Nuñez (hoy) tiene un “no sé qué”. ¿Será por las fragancias europeas, se presume, que se mecen por entre la multitud muy mona y muy distinguida? Pero cómo, ¿quién toca hoy? ¿Si desde aquél doblete de Metallica en enero que se no efectúan shows allí? (¡qué paradoja!) Es todo muy confuso. Adentro del estadio un metalero de ley, con remera de los antes mencionados, tiembla de ansiedad como una hoja al viento y se le escapa algún mohín timidón. Raro. La pista de atletismo del C.A.R.P. ahora deviene en una improvisada pasarela con adolescentes oligofrénicas y señoras con jeans envasados al vacío y cabellera frondosa. El campo, ¿Qué pasó con el campo? ¿Por qué está ocupado hasta la mitad y encima con sillitas de copetín? Aquél metalero emprende una súbita estampida y se funde entre el 90% del público asistente: ¡mujeres! Momento, ¿pero qué es esto? ¿Un recital de Rock, un show de un cantante latino baboso o alguna vieja gloria en desuso que viene para pagar sus rentas?
Son las 9pm en punto. Las luces van cesando de a poco y el bramido de las féminas es ensordecedor. Las pantallas de leds, muy acotadas, por cierto, arrojan imágenes y datos poco claros. Personajes con atuendos sobrecargados van pisando el escenario de a uno. Hasta aquí, nada nuevo. De repente, como la primavera misma, todo se esclarece al ver ésa sonrisa, ése cabello y ésa magnética presencia. Pero claaaaro, ¡es Bon Jovi! El hombre de la sonrisa a prueba de cualquier sándwich de pan francés y otrora campeón del Hair Metal está aquí nuevamente tras 15 años de ausencia.
Y en el doble que llevan de trayectoria, los oriundos de New Jersey arremetieron con un oldie de aquellos, “Blood on Blood”. El tiempo parece no haberles pasado factura, aunque Richie Sambora luzca como una cruza entre Sandro y Sarcófago de los Ratones Paranoicos, Tico “nunca un pifie” Torres y David “me banco la peineta de los ‘80” Bryan, centelleen en menor medida que el cantante con miradas alla Zoolander, todos y en conjunto consiguen ser una de las mejores Bandas de Estadio del rock norteamericano. “You Give Love a Bad Name” fue el primer tanque de la noche; hasta supo inquietar (¡oh!, ¡uh!) a los de seguridad VIP cuando los ídem osaron poguear “a lo Macri”. El collar de clásicos reluciría como en sus años dorados: “Born to be My Baby”, “Keep the Faith”, “Runaway”, “Blaze or Glory”, la lacrimosa “Always”, “Lay Your Hands on Me” (con Sambora al frente de la misma), y el notable medley interpretando “Bad Medicine”/”Pretty Woman”/”Shout!” con Bon Jovi jugando a ser Bruce Springsteen en eso de manejar todo y dirigir a su banda con mucha enjundia. Eso sí, a su gentil modo: una guiñadita allí, una sonrisita allá... joder, ¡que el tipo es muy carismático!
Pero no sólo de carisma y apariencia vive el hombre. En un par de tramos paró el show porque las mujeres se aprisionaban contra las vayas de contención. Momento incómodo si los hubo. Pero Bonjo además tiene conciencia ecológica y aprobó la moción para que ése sea el primer recital originado por energía bio diesel en nuestro país. ¡Un tierno!
Bueno, veamos. Esta la tocaron, esta también... ¡Ah! “I’ll Be There For You”, la Madre de todas las baladas. ¿Alguna otra más? “¿¿Pero cuántas canciones más tienen estos flacos??”, le preguntó un incrédulo novio a su arrebatada partenaire. Cuando a la forajida “Wanted Dead or Alive” se le encadenó el Himno “Living on a Prayer”, muchos pensaron que ese era el acabose. ¡Pamplinas! Bon Jovi no se anda con vueltas y obsequió –de onda- unas perlitas más como a modo de retribución: “These Days”, “Have a Nice Day” y ¡otra balada más!, “Bed of Roses”. Y qué habrá pensado la vecina de Nuñez. Domingo, 12 de la noche... ya es tarde para quejarse. Motivos tuvo. Pero, ¿cómo no resistirse a ese acicalado muchachito de New Jersey de sonrisa perlada mientras que con su aterciopelada voz le arrullaba su balcón al son de “Bed of Roses”? Imposible. Si no pregúntenle a las miles de chavalas (y chavales, por qué no) que al otro día habrán amanecido con la voz partida y el corazón henchido de tanta pasión.