Cómo Estuvo
Paul McCartney en River Plate
El ex beatle ejercitó la memoria emotiva de 45 mil personas en un recital que no acusó el paso del tiempo.

Es muy difícil intentar hacer un repaso de lo que se vive en un show de Paul McCartney dejando de lado las emociones. A sus 68 años, el ex beatle sabe perfecto no sólo el peso de su obra, sino como administrarla para lograr valiosos golpes de efecto, que operan de distinta manera en la memoria emotiva de cada espectador.
Ya no tiene sentido discutir si The Beatles fue realmente o no la mejor banda del mundo, sobre todo en River. Pasadas las 9, con los primeros acordes de “Magical Mystery Tour”, McCartney ya tenía 45 mil almas en su bolsillo y daba por ganado el debate. Sin disco nuevo en su haber (su último trabajo solista es del 2007, y lo más reciente de su proyecto The Fireman, del 2008), el más diplomático de los 4 de Liverpool recorrió su historia a lo largo y ancho, con treinta y cinco canciones en casi tres horas de show.
El paso del tiempo no lo acusan las melodías, mucho menos su autor. Con 68 años a cuestas, McCartney se permite cantar como hace más de 40 años, ejecuta con precisión cualquier instrumento que agarra y cuenta con un afiladísimo grupo de sesionistas (Paul Wix Wickens en teclados, el consistente Abe Laboriel Jr. en batería, y Brian Ray y Rusty Anderson en guitarras) que no solo sostiene todo con precisión, sino que además cuida hasta los más mínimos detalles de cada uno de los clásicos. Por más que se trate de una nota minúscula, casi imperceptible, ellos la tocan. Paul, por su parte, ayuda a alimentar la figura sobrehumana que los fans hicieron de su persona. No acusa durante todo el recital ni el más mínimo atisbo de cansancio, ni siquiera bebe un trago de agua durante toda la noche. A lo sumo, se seca el sudor de la frente con un pañuelo, pero no más que eso.
Si bien la proporción de temas favorece a los Beatles (23 temas, o las dos terceras partes de la lista), McCartney indagó también en su carrera solista con y sin Wings, para desempolvar gemas olvidadas como “Nineteen Hundred and Eighty-Five”, “Mrs Vandeblit” y “Here today”, un sentido homenaje a John Lennon escrito a un año de su muerte como “el diálogo que nunca tuvimos”, dirá Paul después de conmover hasta las lágrimas al público.
Tras un bloque inicial que calentó motores con “Drive my Car”, “Jet”, “Highway” y “Let Me Roll It”, McCartney apeló al intimismo de estadios. Primero, al piano, entregó fidedignas versiones de “The Long And Winding Road” y “My Love”. Después, empuñando su guitarra acústica, “Bluebird”, “I’ve Just Seen A Face” y “And I Love Her” crearon el clima de fogón masivo. Y en este mismo tono, se dio uno de los momentos más emotivos que se haya presenciado en algún recital. Solo con su guitarra y su voz, McCartney tocó una conmovedora versión de “Blackbird”, ante una audiencia que cantaba lo más bajo posible, para no perder detalles de ese instante único.
De ahí en más, todo fue relación de golpe y efecto. Primero, sentidas versiones de “Something” y “A Day In The Life” (con un guiño a “Give Peace a Chance”) oficiaron como homenajes a esos dos amigos que hace años no están y llevan por nombre George Harrison y John Lennon. Después, tras alzar el ritmo con “Band On The Run”, “Back In The USSR”, “I’ve Got a Feeling” y “Paperback Writer”, Paul volvió al piano para un bloque tan efectivo como macizo: “Let It Be” aportó al lagrimeo grupal, “Live and Let Die” y su estruendo pirotécnico invitaron al tarareo masivo, y ya para la coda de “Hey Jude” se dio la unión transgeneracional. Padres e hijos, señores de sesenta y tantos, pibes de veintialgo, todos juntos cantando a viva voz ese estribillo.
Para el final, dos bloques con más luminarias beatle terminaron de redondear un show que no tuvo fisura alguna. Del desgarro emocional de “Yesterday” a los dientes apretados de una rabiosa “Helter Skelter”, del piano saltarín de “Lady Madonna” a la galopante “Get Back”. Así y todo, McCartney y su banda tenían un as perfecto bajo la manga. El tándem “Sgt Pepper’s Lonely Hearts Club Band” / “The End” demostró que no había manera major de darle un cierre a la noche. Aplaudido sin parar durante diez minutos, Macca saludó con un esperanzador “nos vemos la próxima”. No importa si es en otros diecisiete años; todos sabemos que lo hará en óptima forma.