Cómo Estuvo
Hot Festival Día 2
Massive Attack, hermosa pared.
Con una gran expectativa comenzaba el segundo día de festival en el predio de Costanera Sur. Además de los de Bristol, la propuesta pasaba por el rock de Stereophonics y la world music de Thievery Corporation.
Más gente que en el primer día era una primera impresión de la tarde que comenzó fuerte con Massacre. Ir a un festival y escuchar a un tipo decir “Los Massacre, aunque les pese a las autoridades, estamos armando un skate-park para que puedan andar las chicas en tetas” es sinónimo de rock y de comedia también. Del skate rock de Massacre y Walas, que según sus palabras está “más gordo y confundido” al crooner francés Benjamín Biolay sin escalas.
Por votación popular la mejor atracción era la grúa que subía a la gente por las nubes, en una especie de ascensor abierto, que tenia como único fin estar por encima del resto y fotografiar, por ejemplo, un atardecer mientras Benjamín se prendia fuego en el escenario dos.
Este segundo día encontró a la gente menos en la pavada y mucho más concentrada en el plato fuerte de la noche. Claro, era temprano aún y el francés tocaba “Padam”, haciendo un pequeño bailecito, no tanto como el pibe del video, pero a la altura de su propio personaje. Benjamín es un poco parco pero se fue animando hasta terminar a los gritos pelados en “A L 'Origine” y demostrando que no es nada blandito. El set fue rockero y sónico (¿se usa ese término aún?) con una banda que entiende mucho el oficio de tocar por el mundo.
Una vuelta por el patio cervecero era la dosis justa para ver a los Stereophonics que tienen al baterista argentino Javier Weyler en sus filas. Los galeses arrancaron en 1992 y tienen varios temas y discos que llegaron a lo más alto de los rankings, y aquí en Argentina es una banda que la mayoría conoce por la radio. Ocho discos de estudio, y un show de repaso de su carrera con “The Bartender and The Thief” de su segundo disco, “Dakota” más cerca del hit, “Local Boy in the Photograph” y “Superman” por nombrar algunos de los que sonaron. Kelly Jones, frontman, compositor y cantante, es lo que se esperaba; el pibe le pone onda y lleva muy bien el pulso del show. Claramente su popularidad en el exterior es mayor que acá, cosa un poco rara pero por alguna razón no han logrado hacer vibrar al público porteño. La fórmula de Stereophonics es clásica de banda rock-pop, suenan bien y aunque en vivo suenen fuerte, no muestran demasiados matices, cosa que se nota más en los discos.
La noche se había apoderado del evento. Sonaba música electrónica desde la carpa de Djs, Catupecu Machu se repetía en el escenario dos. Al finalizar este show comenzaría el preludio del show más increíble del año. Anteúltima banda, Thievery Corporation. Comenzaba la bajada de línea, el baile y la conciencia. La postura combativa. La banda de Rob Garza y Eric Hilton siempre ha estado resistiendo desde la música, utilizando el Dub, el Reggae, la Bossanova, el Acid Jazz y la mezcla de estos con otros ritmos y de bases electrónicas. Si bien son dos los fundadores, se presentaron en formato banda, con las bases disparados con un sonido bien hi-fi, teclados, percusión, guitarra, citara y varios invitados en voces como la argentina Natalia Clavier. El show comenzó con una intro instrumental, con gran presencia del bajo que golpeaba directo al pecho, mientras que conforme pasaban los temas iban subiendo los invitados, algunos mas arengadores que otros, cosa que por momentos cortaba con el viaje que el sonido proponía. Mucho baile entre la gente, la cadencia jamaiquina y el dub llevaban al público al trance. El público quedó caliente, descansó y el final llegaba. Faltaba poco, pero era mucho más de lo que nadie podía esperar.
Massive Attack sobre el escenario. Primer tema “United Snakes”, donde se leían en una pantalla de fondo, en una pequeñas letras el nombre de diferentes drogas: cocaína, lsd, metanfetamina, peyote, marihuana, etc., que iban alternandose sin parar y subiendo en velocidad mientras el tema se hacia cada vez más potente, más fuerte, mientras que la voz de Robert del Naja procesada con vocoder era un instrumento más; la sorpresa comenzaba. Era un comienzo fuerte y demoledor. De repente el sonido era más de la mitad de fuerte que todo el festival, incluyendo los dos días.
Similar al método de los Thievery, en Massive, además de Robert iban subiendo las voces invitadas de Horace Andy, Martina Topley-Bird (que se había presentada en formato solista por la tarde) y Grant Marshall, la otra cara del duo, que intervino muchos menos, como por ejemplo en “Rising Sun”. La propuesta era tanto sonora como visual, era un mix, aunque cada uno podía subirse y abordar el show desde donde quisiera. Similar a lo que sucede con su pagina web, la pantalla de fondo iba disparando data política, en general, especialmente estadísticas, todo en perfecto castellano, todo con una actualidad abrumadora. Frases como “CGT: a Moyano lo investigan por la causa de medicamentos truchos y...”, “El duro de Budou se quebró...” y así, mucha data de política nacional, denunciando, poniendo a la gente al día, al tanto de la realidad político social. Siempre llegando a poner de manifiesto la opresión imperialista del norte por sobre el tercer mundo. “Angel”, “Teardrop”, “Girl I Love You”, “Safe from Harm” sonaron demoledores, cada tema era más potente que el otro, y cuando parecía que no podían subir más, lo hacían, era más fuerte. La pantalla mostraba más frases, algunas para descomprimir: “Que la sigan chupando, Marado”, imágenes de un mundo en 3D sobre los vuelos internacionales en el mundo, mientras generaba escalofríos tanto tráfico aéreo, hasta que ese mundo se rompía, explotaba.
Fue un show que superó a todo el festival, que aplastó el sonido de todos los demás artistas, sin ánimo de comparar, aunque es imposible no hacerlo, especialmente con respecto a la definición de sonido, a la puesta, a la precisión y potencia combinadas de un modo insuperable, una banda que suena en las grandes ligas, claramente. Era el final de la gira para lo MA, Del Naja agradeció en un inglés más british imposible a todos y cada uno de los colaboradores de la banda. El último tema mostraba en pantalla un disparo continuo de marcas, de grandes corporaciones, como un machaque publicitario directo a los sentidos, a despertarlos, para despertar hasta al más dormido.
