Cómo Estuvo
Katy Perry en el Pepsi Music
La segunda fecha del Pepsi Music 2011, y la primera con artistas internacionales, trajo consigo todo el carisma y el glamour pop de Katy Perry. La californiana desplegó su arsenal de gestos y guiños en un GEBA que exudaba olor pre adolescente.

La cosa era así. El escenario principal del Pepsi Music 2011 era literalmente un spin off de Willy Wonka & The Chocolate Factory; plagado de iconografía golosa (chupetines, chocolates, caramelos, colores vivos, lisérgicos e hipnóticos), con unas imponentes estructuras lumínicas sobre el techo y un doble campo VIP que obstruía -en parte- la visión del imponente tablado (no aprenden más, eh).
21.15hs de la noche, la histeria pre adolescente, las adolescentes y las que ya dejaron de serlo hace rato, crispaban su garganta bramando por su artista preferida. Un morocho con hambre de cool enchufa su laptop sobre una tarima y empieza a disparar hits con bombo en negra (Black Eyed Peas, Martin Solveig, Adele, etc.). DJ Skeet Skeet, así se hacía llamar, arrancó con el mejor ímpetu y tuvo sus quince minutos de fama. Pero resultó que esos quince minutos, ¡se transformaron en treinta! Momento soporífero, incómodo y denso. Si existiría La Policía de los DJs, a éste muchacho lo hubiesen apresado y condenado a cadena perpetua (por desacatado). Concluida su faena, las luces vuelven a encenderse y la música funcional vuelve susurrar bajito como la fresca brisa de un martes por la noche. “Bueno, ¡que salga ya!”, se lee en los rostros de las desguarnecidas niñas.


21.53hs ya marca el reloj. Ahora sí, las luces se apagan por sectores y las pantallas se encienden. El aullido de la platea se acopla al del campo y los agudos alcanzados son más penetrantes que un riff de una canción de death metal. “Teenage Dream”, ¡qué oportuno!, introduce a Katy Perry en el Olimpo de lo empalagoso y el circo se desata con bombos y platillos.
La “Keiti” sabe al detalle su acto. Lo tiene bien aprendido. Del glamour y lo escénico de Madonna, hasta lo ambiguo y femme fatale como lo que puede ofrecer Britney Spears. Bailarines y mimos se mezclan entre los categóricos músicos de estricto blanco. Ella es como una Barbie envuelta en una trama tierna y a veces guarra (niños, ¡tápense los oídos!). Sus piernas kilométricas circulan como un compás sobre el escenario; es sex appeal y ternura unánime. “Buenos Aires es una ciudad hermosa. Estoy segura de que ustedes saben cómo pasarlo bien”, proclama con su vocecita aguda.
Los cambios de vestuario se suceden con el correr de las canciones (“Wake Up in Vegas”, “Peacock”, “Thinking of You”), como así los cambios... en ¿su voz? (serias sospechas de playback. No nos consta, ni nos importa). Se pone locuaz, a veces cae en lo demagógico, magnetiza con su encanto, susurra una intro jazzeada que converge en su primer Hit: “I Kissed a Girl”. Pero ella igual prefiere besar a un muchacho agraciado que eligió de entre la multitud. “Santiago, vení acá”; “Santiago, andá allá”. Lo vuelve loco. Es brava la morocha... 
El exiguo set list acortó las posibilidades de un empacho visual in eternum (quitó cinco canciones más covers y demás caprichos escénicos). Naturalmente, “Last Friday Night (TGIF)” y “Firework” fueron de la partida y celebradas por los miles de asistentes, como corresponde. La fiesta technicolor tuvo su desenlace con “California Gurls” (confeti ad-hoc, decenas de animadores dando cabriolas, fuegos artificiales, lanza-espumas, etc.) y el encanto se disolvió como una pompa de jabón en el aire. Un suspiro, o lo que Katy tardaría en cambiarse un vestido.
Comentarios
vuenoz.com no tiene ninguna responsabilidad sobre los comentarios de usuarios aqui expuestos. Todos los comentarios son de responsabilidad exclusiva del usuario que los publica. Asimismo vuenoz.com se reserva el derecho de editar o eliminar los comentarios contrarios a las leyes de la Republica Argentina o que considere violen sus normas de etica, privacidad u otros motivos que considere injuriantes.