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Brian Storming en La Trastienda
Una romántica con épica y suspenso que podría competir mano a mano con cualquiera del Agente 007. Una milonga en inglés matizada con tonos de flamenco y palmas.
Una base pop repetitiva que suena como unos fabulosos cuatro en tour mágico coloreados con sintes, violines, trompetas y trombones mientras, proyectada sobre el fondo, una fonola voladora dispara sombreros de bombín, triángulos varios y flores de colores junto a un cantante cantando acerca de lo exquisitos que habían estado unos hongos hawaiianos. Bueno: todo ese mucho (y mucho más) pudo saborearse el domingo pasado en La Trastienda durante el show de Brian Storming, la orquesta de doce músicos que reinterpreta en su propia clave sonora un continuo de pop, rock, swing, valses y cuanto estilo les dé la gana encarar.
El show largó con “The Rabbit”, el tema que abre el álbum que presentaban: “The Illustrated Guide to Fantasie”. Enseguida arrancó “Tango”, otro tema de ese disco que había sido adelantado en el EP “Avec L’Enchanting Device” y que, a juzgar por la entusiasta reacción del público, ya es uno de los hits de la banda. Y con mérito, porque si bien a muchos espantaría la apuesta de trasladar las notas iniciales de La Cumparsita al mundo psicodélico de Brian (y con letra, encima, en inglés), aquí la cosa funciona, y muy bien.

Es que los shows de Brian Storming son un aceitado paseo por varios estilos enlazados en un hipnótico concepto de viaje y sueños, interpretados por una por momentos delicada, por momentos intensa orquesta moderna que da el justo lugar a todos los instrumentos: cuerdas, vientos, sinte, teclado, programaciones, percusión y voz, que con las letras en inglés está más que nunca en función de su virtud sonora.

Otro aspecto que vale la pena destacar es el trabajo visual de la banda. Mientras que en muchos shows las proyecciones de fondo son un elemento meramente decorativo, aquí interactúan continuamente con la música en historias surrealistas con las que da gusto perderse. Así, entre hombres de traje y bombín practicando jet ski sobre una moto invisible o un locutor parecido a Perón hablando en primer plano a cámara hasta que su cabeza se transforma en un tomate giratorio, pasaron el swing celestial de “How to catch a prey”, la letárgica hindú de “I’ve been” o el ya clásico de la banda “Pulling a meditation center out of a hat”, de su primer disco.

El final fue con la ideal “The Hermit”, la misma que cierra la nueva placa y que acaba en un coro épico tan contagioso que, ya bien terminado el show, todavía podía escucharse a un grupo de chicas cantándolo desde el baño del lugar.

