Festipez
Nueva edición del Festipez en Niceto. En su versión 2011, los anfitriones Pez invitaron a los colegas brasileros de Macaco Bong y los locales de Humo del Cairo. Vibra Sudamérica.
¡Viva Pez! Esa exclamación se alzó como bastión en la noche de un sábado en Niceto. Detrás la expresión cuasi peronista y que esconde más de un sentido, Pez se apoya en ese grito y lo hace carne en una militancia que ya lleva casi veinte años. ‘Viva Pez’, último disco del ahora cuarteto, es un registro en vivo de la banda que fue grabado –precisamente- en Niceto y La Trastienda durante el 09 y el 10 (y que se puede descargar gratuitamente por la web), resulta ser un manifiesto en concordancia con una idea cabal, férrea y determinante: Pez es la banda independiente y más laburadora de la escena local.
Prolíficos tanto en lo musical como así también en su producción discográfica y artesanal, la cofradía de Ariel Minimal prorrumpió en un atestado y pastoso Niceto, donde la humedad no se medía en porcentaje, sino en kilogramos. La sinergia diseminada contagiaba las ganas. “Rompe el Alba” derrumba el apetito con una portentosa porción de acordes estridentes. “Lo que se Ve no es lo Real”, “Los Orfebres” y “Último Acto”, completan un inicio por demás suculento y que además marcaría el rumbo por donde transitaría el cuarteto. Ataviados con remeras negras, los cuatro elementos deambulan entre lo más rico del rock nacional circa 1970, King Crimson y Black Flag (entre otros). La cabeza semi calva de Minimal es un disparador constante de influencias, inquietudes y poesía urbana. Pocas bandas son tan expandibles como Pez: elástica en su sonido; desdoblándose en lo compositivo. Tras cien minutos de pura y continua descarga gemidora, en donde sonaron “La sin Nombre”, “Miedo”, “Porvenir”, “Maldición”, “Crecer Crecer”, la inoxidable “Cabeza de Departamento” y un final a puro desmadre con “Introducción Declaración Adivinanza”, en donde los integrantes de Fútbol y Juan Ravioli coparon el escenario y añadieron un poco más de histeria a la faena, Pez se pudo dar el lujo de cerrar el primer Festipez del año siendo coherente con su consigna proselitista: ¡VIVA PEZ! ¡PEZ PARA TODOS!
Humo del Cairo y Macaco Bong: sudamerican rockers.
Algo temprano para un deleitable sábado veraniego. ¿Bastante estridentes para inaugurar el Festipez? Ni una cosa ni la otra. Si Humo del Cairo algo sabe y conoce muy bien, es como despertar las neuronas que permanecen en stand by. El trío con base en el Lejano Oeste (que continúa abrigando esperanzas por una nueva producción discográfica), dispuso de un tiempo escaso y tirano, pero no por ello menos productivo. En ese breve espacio desplegaron todo su poderío grave, denso, narcótico y atronador, conquistando todos los recovecos del ambiente y los espíritus más expeditivos. El stoner rock puede ser un plato que se sirve frío, pero Humo del Cairo tiene suficiente fuego interior como para calentar cualquier miasma. Macaco Bong ya empieza a cimentar una pequeña y labrada trayectoria en nuestro país. En su tercera visita, éste trío brasilero tuvo entre sus instrumentos la clave y el factor sorpresa. Instrumentales de origen, los Macaco fluctuaron entre el funk metal de Living Colour y pequeñas dosis de un Mars Volta versión doméstico. Ney Hugo, bajista y vocero del grupo, instó por un rock sudamericano mancomunado, en donde no haya fronteras y todos seamos un único país.
Con artistas así, Sudamérica crece; el lenguaje musical mundial crece, y el mundo quizá le eche una preciada mirada al Cono Sur. Unidos o dominados.
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