Cómo Estuvo
Friendly Fires en Argentina
Por segunda en nuestro país, los ingleses de Friendly Fires pusieron a La Trastienda en modo bailable y se rieron de la etiqueta dance punk. Abran la pista, ellos la conquistaron hace rato.

Hay que transpirar la camisa. Que el esfuerzo quede plasmado y se note que de veras el carácter no es impuesto, sino más bien trabajado. Cuando se advierte que la camisa ceñida y escueta de Ed Macfarlane, literalmente, gotea sudor y el resto de sus compañeros están en mismas condiciones, es una clara señal de que no precisamente se deba a la temperatura ambiente. De hecho, La Trastienda estaba regiamente refrigerada. Friendly Fires regresó a nuestro país tras un par de años y aseveró lo que ya había logrado aquella vez: sudor, baile y celebración.
Aún quedaba ese recuerdo perdurable de su anterior visita, también en La Trastienda, cuando apenas tenían editado un disco y un puñado de encendidos hits en plan “disco punk”. Término ambiguo si lo hay. Provenientes de Inglaterra y de la cuna del punk, no se discute que en sus tiernos años hayan escuchado a bandas de dicho género. Lo que sí queda en manifiesto es que el dance pesa más en la balanza. Su última y celebrada producción, "Pala", contiene el pulso necesario y febril que hace que sean irresistibles y que sus shows en directo plasmen, con muy pocos recursos, la verdadera sensación de una banda de rock que emite cadencias bailables de modo orgánico y muscular.
La apertura con “Lovesick” imprimiría el trazado que el cuarteto, y a veces sexteto (si se cuenta el aporte fundamental de los dos vientos), delineó en una hora y cuarto el éxtasis puro que ocupó gran parte del recinto de San Telmo. “Running Away”, “Blue Cassette” y “True Love”, con su frontman mezclado entre la gente y absorbiendo la energía del entorno, se amoldaron a las agitaciones de cadera que impartía el incansable Ed y que se apoyaban en la férrea sección rítmica de Jack Sadvidge. Con “Skeleton Boy” y “Paris” se iluminaron los focos de fruición y vigorizaron, como si acaso hiciera más falta, un inflamado setlist que apenas se permitió “bajar” con la íntima y souleada “Pala”.
Tras haber conquistado una hora sin interrupciones, reanudaron en consonancia con las no menos candentes “Hawaian Air” y “Kiss of Life”. El trabajo fue perpetrado. Se jugó, se metió y la camiseta, una vez más, se transpiró. El Match del año.
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