John Fogerty en el Luna Park
Tras años de espera, el alma máter de Creedence Clearwater Revival saldó una deuda pendiente con el público porteño en un show antológico.
Hablar de Creedence Clearwater Revival es hablar de un exponente raro en la historia del rock. De base roots (un género que se vincula con country, bluegrass y folk), el grupo supo hacer base en la canción simple y precisa, a la par de discursos antibelicistas y con algún componente psicodélico hacia fines de su obra. Desde su separación, en 1972, las aguas quedaron ampliamente divididas: de un lado, el bajista Stu Cook y el baterista Doug Clifford decidieron seguir adelante junto a un puñado de sesionistas bajo el poco feliz Creedence Clearwater Revisited; del otro, John Fogerty, guitarrista, compositor y cantante del grupo, trató de mantenerse lo más distanciado posible de su pasado con una carrera solista notable en lo artístico, pero frugal en la cantidad (solo ocho álbumes de estudio en casi treinta años).
Con el pasar de los años, Fogerty hizo las paces no solo con el cancionero de su anterior banda, sino también con las giras mundiales. Su debut en Buenos Aires tuvo entonces ese gusto a deuda saldada con creces. Ante un Luna Park repleto y frente a un público que iba desde sesentones nostálgicos a chicos que a duras penas alcanzaban los veinte años, entregó casi dos horas irreprochables de rigor histórico y emocional. De estricta camisa leñadora (al igual que muchos de los presentes), Fogerty dio inicio a la noche con “Hey tonight”, “Green River” y “Who’ll stop the rain?”, tres temas de Creedence al hilo, una fórmula casi constante en su show. Él sabe por qué es quien es, y tal vez por eso mismo se entienda que, de las 26 canciones que interpretó, 23 fueron de su ex banda. A pocos días de cumplir 66 años, no acusa el paso del tiempo: su voz está intacta y su registro inalterable, se permite recorrer el escenario de punta a punta y, por más que cuenta con una banda de apoyo en la que por momento llega a haber cinco (¡CINCO!) guitarras en escena, él es el único responsable de cada uno de los solos de la noche, que los hubo en demasía, y perfectamente ejecutados. La lista de temas va desde los temas más esperados de Creedence tanto propios como ajenos (“Suzie Q”, “Midnight Special”, “Cotton Fields”, “Long As I Can See The Light”, “Down on the Corner”), algunas perlas ocultas de ese mismo repertorio (“Ramble Tamble”, “Keep On Chooglin’”), y algunas luminarias de su material solista (“Don’t you wish it was true”, “Jambalaya”, “The old man down the road”), junto con una rendición sentida y respetuosa del “Oh, pretty woman!” de Roy Orbison. Lo que en manos de muchos pasaría como un oportunismo, suena auténtico en manos de Fogerty. No pregunten por qué, simplemente sucede.
Hacia el final de la noche, John entregó los números más fuertes de su lista: “Have you ever seen the rain?”, “Bad Moon Rising” y ese rabioso himno anti Vietman llamado “Fortunate Son” oficiaron de confirmación de lo que nadie osó poner en duda. Estar ante Fogerty es poder ver a una leyenda viva en estado envidiable. Lejos de calmar las aguas, los bises llevaron todo al punto más alto, primero con “Rockin’ all over the world” y “Proud Mary”, y finalmente con una celebrada versión de “Up around the bend”, en la que la voz de John amagó con caer rendida ante los agudos para luego salir victoriosa. Por una noche, ciento cinco minutos sirvieron para compensar algo pendiente hace ya cuarenta años y, a juzgar por la emoción palpable tanto arriba como debajo del escenario, quizás no haga falta esperar tanto para la próxima. Ojalá.