Limp Wrist
Limp Wrist, finalmente, llegó hasta nuestra ciudad y no se anduvo con pequeñeces. Se despacharon con un doblete en Niceto que, cuando no, contó con la garantía del pluridisciplinario Boom Boom Kid que aprovechó para despedirse de los antros porteños.
“Tienen mucha ropa puesta todavía. Hay muchos jóvenes acá... hubiesen traído a sus tíos, los bigotones”. Esa figura que a priori parece obscena y perturbadora, no logra ser tal. Por contrario. Esa extravagante composición entre Ronnie Arias y Wallas de Massacre acaba siendo un tipo sentimental, con ideas férreas y convicciones más grandes que toda su esférica barriga. Martin Sorrondeguy es uruguayo de nacimiento y estadounidense por adopción. Un tipo con una larga y pesada trayectoria en el hardcore punk militante. Primeramente con Los Crudos, banda que revalorizó las raíces latinas y que además lo emplazó directamente en la escena queercore, straight edge y que comprendió el DIY (do it yourself) como estandarte de vida. Ya con Limp Wrist, el concepto fue más espontáneo: seremos la mejor banda de queercore o no seremos nada.
Revestido en sus clásicos hot pants envasados al vacío, su gorra de la ley y campera de cuero, Martín y los suyos devolvieron todo aquello por lo que tanto se los venía esperando. Tan solo les tomó media hora a los Limp Wrist para hacer carne aquél viejo axioma punk: breve y bueno, dos veces bueno. Entre tema y tema, “What’s Up with the Kids”, “Punks Ass Queers”, “Back in the Days”, “Rainbows”, “I Love Hardcore Boys”, y un larguísimo etcétera), esa bestia peluda que –literalmente-se transforma y aúlla como una manada entera de lobos, intercambia comentarios en tono ocurrente y termina cada frase con la palabra “boludo”. Tras agradecer a las She Devils y especialmente a Carlitos (AKA Boom Boom Kid), por hacer posible su visita a nuestro país, Limp Wrist dejó su huella en la columna vertebral del hardcore punk con una sobradísima muestra de que si realmente se quiere, las cosas salen como uno lo desea. Categóricos.
Alguna vez, David Bowie estando al frente de su lunático proyecto, The Spiders from Mars, decidió ponerle fin a su experimento en pleno acto en vivo. Así, sin miramientos y sin nada que discutir con sus socios interespaciales. Un poco más acá y en el presente 2011, Boom Boom Kid imita casi episódicamente y anuncia que ése sería el último show bajo el nombre de “Boom Boom Kid”. Casualidades o no, burlas del destino al margen, BBK selló un período de forma inmejorable, manifestando su carácter fresco y curtido en un par de shows que rara vez dejan sabor amargo en boca. Muy por el contrario, siempre transmiten valores y sensaciones: “Hey man, cortemos con el exceso de testosterona, esto no es la cancha. Ese es el hardcore del pasado, y que tuvo una historia bastante triste”, advirtió el otrora Nekro a un par de inadaptados que insistían en practicar “karate pogo”.
Así las cosas, la performance de BBK osciló entre el pasado (“Leave me Alone”, “Easy to Come”), el pasado inmediato (“She Runaway”, “Automatic”, “Perfume de Vos”, “Paranoia Candy Blues”, “Typical”), y más del presente (“Bienvenidos al Club”, “Pon tu Corazón en la Música”, “La Espina”, “El Anhelo”, “Lo Único Feo es no Tener Porqué Vivir”).
Qué curso tomará el ahora ex Boom Boom Kid es incierto. Lo concreto es que el muchacho de los dreadlocks oxigenados siempre se la juega por lo que verdaderamente siente. Y el corazón y los sentimientos son los que mandan...