Los Natas
Tras su célebre gira por el viejo continente, Los Natas volvieron a La Trastienda y remacharon los cabezas de los asistentes con su particular sonido.
El desafío sigue siendo el mismo. Tildar a Los Natas de rock inclasificable sería un mero ejercicio de pereza periodística y un aleatorio negativismo para lo que formula éste trío de bárbaros montados en reverberaciones valvulares y climas lenitivos. ¿Podemos llamarlo rock a secas entonces? Sería válido, por qué no. Pero el término, aún así, seguiría quedando ambiguo, poco conciso y simplista. Lo difícil es elogiar sin contemplaciones una obra, cuando, con toda justicia y merecimiento, lo merezca. No hay nada más distinto del arte que la crítica de arte, pero tampoco hay nada más inseparable. Los Natas alguna vez se autodefinieron como “free rock”, y a veces son los propios músicos los que mejor pueden expresar tanto en música como en palabras lo que a veces tanto se les cuestiona y exige: explicar qué es lo que hacen. Por un momento, La Trastienda tomó prestado el slogan marketinero de la Bombonera y lo uplodeó al género más visceral y desafiante que se supo afianzar en los últimos diez años del Rock Nacional. El recinto de San Telmo no tembló, latió (literalmente). Afuera el destemple chorreaba por las calles, las paredes y los pocos transeúntes que deambulaban por allí. Puertas adentro, se elevaba un dominante acople como un mantra y en su disonancia preponderaba la frase “El Nuevo Orden de La Libertad”. Lo atronador, lo climático y lo etéreo se apoderaron de la escena. “Las Campanadas” dictan su sentencia, y “Resistiendo al Dolor” se muestra como un pétreo manifesto.
Centrándose más que nada en temas de sus dos últimas placas (las últimas mencionadas más “El Bolsero”, “Humo Negro del Vaticano”, “Ganar Perder” y “Amanecer Blanco”), Los Natas coronaron una noche ostentosa en donde también no faltaron viejos clásicos como “El Cono del Encono”, “Planeta Solitario” y un epílogo a todo culo con la canción que trazó el firmamento del stoner nacional (si es que existe): “Meteoro 2028”. ¿Poco para decir o mucho por escuchar? Ambos, y tampoco. Las palabras huelgan, los acordes no. La huída es hacia delante; siempre un paso más allá. Los Natas siguen allanando el camino.
La Muerte les sienta bien:
Previo al show de Los Natas, se presentó una de los grupos más prometedores y laburadores de la nueva escena metalera: Banda de la Muerte. Como un puño apretado, éste cuarteto crispó a los masas en más de un sentido. Una vejación auditiva que extirpa lo mejor de Helmet, Biohazard, Anthrax y Black Flag (entre otros), se propagó en un lapso corto pero aplastante. “Los Ojos del Diablo” y “Cuando No Hay Más que Perder”, ambas de su homónima y primera producción, se posicionan como el instant hit de las tropas que apuntan sus cuernitos al aire. Metal o Muerte.
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Agustín Domecq
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