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Marcelo Ezquiaga en La Vaca Profana
Terminó junio y con este mes que no pasó desapercibido en la escena musical, también culminaron las presentaciones de los jueves en La Vaca Profana de Marcelo Ezquiaga. Previo a subir a escena, cada noche lo acompañó un músico invitado, y así “Un buen pescador” no estuvo solo en la calle Lavalle para encarar el frío de las noches porteñas.
Dentro de la escena indie local, van surgiendo nombres nuevos constantemente, algunos se van quedando y otros se van perdiendo. No esta bueno hablar de techos ni poner títulos que definan por que lo artístico se mantiene vivo, en ese movimiento de idas y venidas, de construcciones y destrucciones, pero sí vale decir que a esta altura dentro de la escena Marcelo Ezquiaga es un nombre de referencia que ha ido cambiando, creciendo pero sin moverse de su lugar.
La Vaca Profana logra una intimidad casi similar al del living de una casa. Si no fuera que cualquier ruido mínimo retumba en el sonido ambiente, sería intimista del todo. Igualmente Ezquiaga es ajeno a ello, por que sus discos y la mirada con la cual organiza y presenta a los mismos, es un combo aparte dentro de cualquier sitio, por lo que ya desde él se genera un clima de estar “como en casa”.
La idea de este ciclo lo hizo tocar cada jueves de junio frente a diversos públicos que acompañaron y sumaron de acuerdo al músico invitado, todos cercanos a él ya sea por vínculos o bien conceptualmente hablando de música. La recepción fue cálida y buena a nivel cantidad de personas de acuerdo a lo que el espacio amerita.
La apertura del ciclo estuvo a cargo de Trebian, sucedieron el honor de la apertura de noche Mauro Conforti, Juan Jacinto y el cierre llegó con Juanito el cantor. Luego era el turno del anfitrión, que cada jornada sorprendió con diferentes chiches musicales, siempre natural y en constante diálogo con los presentes desde una complicidad explícita. Su amabilidad es un instrumento más, y es la que le dibuja la sonrisa mientras se nota que disfruta de lo que ofrece. El asterisco a resaltar fue el cruce entre Ezquiaga y Miguelius. Para aquellos ajenos a las virtudes de este señor, la presentación sería la siguiente: Miguelius es un gran vocalista de sonidos, que ya hace años se dedica a hacer música electrónica simplemente con sus cuerdas vocales. Por lo que ese momento dentro de esa cuestión casera, sería una buena parte para repetir una y otra vez como los viejos VHS caseros, para revivir un buen momento y un ejemplo de creatividad espontánea, por que fue una dosis de refresco a la labor del anfitrión marcando una diferencia.
Desde la vereda, abrir la puerta y pasar al local que lleva el nombre de Vaca pero en su escenario tiene peces a modo voladores, es ya un clima “indie” por excelencia. Está el cantante, los músicos que le darán el pie antes que suba a escena él, amigos, interesados, personal del lugar yendo y viniendo con las consumiciones, pero para seguir sintiendo esa sensación hogareña está en primer plano la panza en la que duerme la hija primeriza de Marcelo y claro, su mujer es quien la transporta desde la mesita convertida en boletería al escenario, acomodando el lugar y compartiendo todo el puesta en escena como un buen equipo que han conformado.
Si miramos para atrás, la carrera del ex Tortuga Montreaux ha ido siempre en creciente, y este último disco no es excepción a su caminata en subida. Marcelo Ezquiaga sabe que podría haber diferentes modos de encarar las mismas canciones y también las formas de difundir su obra, sin embargo él está cómodo en un formato minimalista, y lo invita a uno a acomodarse en él. Un banquito, sus instrumentos y su voz. Nada más ni nada menos. Y al que está observando y escuchando tampoco se le ocurre ni imagina esa canción más allá de lo que él ofrece, todo está en su lugar. Rompiendo el esquema que indica que se necesitan grandes presentaciones visuales para defender un disco, Marcelo está donde quiere y como quiere estar, y permite el juego con el título del gran protagonista de este ciclo. Él es “Un buen pescador” que elige sus aguas, que avanza pero que gusta de no ir más allá de lo que el medio ambiente puede soportar con su pesca.
No para de tocar, suele hacer varias fechas por mes, tiene un público firme y afectuoso, que celebra las canciones, las canta, acompaña con el aplauso y luego comparten el resto de la noche. Sin un séquito de asistentes, sin limousine ni actuaciones polémicas arriba o bajo del escenario, si bien será padre pronto ya hace un tiempo que Marcelo dentro de la música local tiene su propia familia que crece pero no por eso se muda a un hogar mas grande, por que aun hay espacio para más y sino se sabe remodelar para que lo haya.

