Noche Dorada Espacial
Nueva edición del festival emergente Noche Dorada Espacial. Capitaneados por los platenses de El Mató, El Teatro de Colegiales centelleó con lo más potable del indie doméstico de ayer, de hoy y de siempre. ¡Galácticos!
NOCHE:
Oscurece y la confusión se adueña del lugar. Los anticipados que van copando retraídamente el primer piso de El Teatro de Colegiales fueron apremiados por la situación y se ligaron un par de estimables regalitos. De corte netamente West Side, Trueno Blanco y Buenos Aires Karma regaron el piso de potentes melodías. Las primeras, cuarteto de chicas que desprenden mucho más que actitud, están confirmando su buen año que las posicionó dentro de lo más granado del indie vernáculo, a fuerza de desfachatez y canciones en clave pop viral. Son 4 y buenas mozas, ¿qué más se les puede pedir? Los BAK, por contrario, ostentan algunos pergaminos encima y eso se vivenció al instante. Con algunos desacoples de sonido al comienzo, estas criaturas eléctricas del Oeste conquistaron la escena y levantaron el listón de la velada con un puñado temas incendiarios.
Inaugurando el escenario principal, los Tandooris entregaron más del mismo garage rock con pocos matices pero con mucho empuje. Lo indicado para menear la cabeza y mover la patita mientras se sostiene una cerveza. Más arriba, una docena de fieles aguardaban por la próxima nueva sensación: Viva Elástico. La banda más prolífica del momento encarna el sentimiento del pop como pocos. La inflexión vocal de Schuster incorpora el sonido de Don Cornelio a esa paleta musical tan profunda y narcótica como es la de Zona Sur (D Champions, Victoria Mil, Los Reyes del Falsete, etc.). Tan extraños como adictivos.
DORADA:
Polarizando la noche y unificando conceptos, Los Go Neko! Y su power-kraut-rock-for-dummies dominó las mentes abstraídas que pululaban por allí y las transportó hacia el Cosmos (y más allá).
Un día, Maxi Prietto lo invitó a Mariano a zapar y desde allí que no pararon hasta chocarle la nave al Capitán Beto. La jam sideral en la que se sumerge Prietto Viaja al Cosmos con Mariano dista mucho de un show convencional. A esta yunta no se le conocen dos shows iguales, o doce, o cincuenta. La reiteración no es enemiga; la mutación es la verdadera amiga. Para ellos el Cosmos sigue siendo el mejor lugar para estar (y experimentar).
ESPACIAL:
Si al El Principito se le escapó la tortuga allá por algún planeta del Espacio (luego lo capitalizó en un rollo filosófico), a Coiffeur la ubicuidad y el Verdadero sentido de la Vida parecen hacerle cosquillas. Porque el trovador de Morón se nutre de esos pequeños detalles, esos que dicen que son los que más importan, y se desviste en gráciles e ingenuas melodías sólo con su guitarra acústica. “Al Oído”, “Crujen”, “Tan Atentos a que Nada”, “Amor-On”, “En la Frontera” y “Parece” fueron algunas de las que ejecutó a la vieja usanza y otras tantas que hizo en compañía de Juan Stewart, amparándolo con un sintetizador y metiendo bases minimalistas. El Coiffeur que más le gusta a la gente.
“Qué cosa estúpida el pogo, ¡pero qué divertido es!”, se oyó a alguien entre cuerpos revoltosos y gargantas rojas semejantes al de un cántico futbolero. Es que
El Mató a un Policía Motorizado hace rato dejó de ser una banda de culto y pasó a ser una (pequeña, pero considerable) pasión de multitudes. Cualquier canción del El Mató es un rezo instantáneo, un mantra altisonante, una invitación a lo más pagano del under. El rock fecundo de “Viejo Ebrio y Perdido”, las odas al barrio y al aguante de “Vienen Bajando” y “Amigo Piedra” y las más nuevas y épicas como “El Día del Huracán” y “Día de Los Muertos”, transportaron a la Noche Dorada Espacial a una circunstancia única, en donde lo ignorado, lo nuevo y lo atípico dialogan en un contexto idóneo. Por más Noches, Doradas y, sobre todo, Espaciales.