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Nuevos Aires Folk con Jens Lekman
Un cantautor sueco, su guitarra, un colaborador con una laptop y un cancionero con el ABC del pop de todas las épocas.
Es notable que de un país tan frío pueda aparecer alguien tan cálido. A diferencia de algunos de sus coterráneos como The Hives (histriónicos e iracundos) o José González (retrotraído, intimista y reflexivo), el sueco Jens Lekman es sonrisa constante. Sus melodías acompañan esa alegría que parece brotarle de los poros, aun mientras entona una frase como “Te estoy dejando porque no te amo, perdón que tenga que ser tan brutalmente honesto”.
Con 28 años a cuestas y dos discos de estudio a cuestas (más algunos EPs compilados en “Oh, you’re so silent Jens”), Lekman armó su carrera en base a canciones amables y frágiles con el amor como columna vertebral y usando a los discos de Belle & Sebastian, The Left Banke y The Mamas & The Papas como la biblioteca sonora de la cual extraer los samples que dan forma a su repertorio.
El esquema del show cobra un sentido particular si se tiene en cuenta que, justamente, la estructura central de muchas de sus canciones son muestras de audio tomadas de otros artistas. En vez de estar acompañado por una banda, su único ladero en escena es su colaborador Victor Sjöberg (lookeado con una campera bermudas, zapatillas y… ¡medias!) quien, armado tan solo con una laptop y una máquina de ritmos, llenó con fragmentos de baterías, arreglos de cuerdas, teclados y coros todos los claros que dejan Lekman y su guitarra. Ambos portan una llave de bronce atada al cuello que según sus propias palabras es “el opuesto al anillo de abstinencia. No en un sentido sexual, sino de la vida, una promesa a uno mismo para no esperar más”.
A pesar de ser solo dos en escena, Jens y Victor apelan a una serie de recursos escénicos simpáticos y efectivos. Antes de “A postcard to Nina” (dedicada a una amiga lesbiana que le pidió que se hiciera pasar por su novio delante de sus padres), Lekman invita al escenario a un fan para que traduzca su explicación sobre la historia de la canción y en la coda de “The opposite of hallelujah” ambos abandonan sus instrumentos para ensayar una entorpecida y risueña coreografía.
Con solo una hora y cuarto de show en la que pasaron más canciones agridulces (melodías amables con líricas desoladoras) como “Black cab”, “Maple leaves” y “End of the world”, Lekman alegró corazones e invitó a que lo siguieran a un boliche en Palermo en el Victor ofició de improvisado DJ.

