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Roger McGuinn
Uno de los mayores íconos del rock de mitad de los sesenta dio un recital íntimo en el Coliseo.
Todo comenzó con el escenario casi desnudo. Apenas una mesa, una silla, cuatro arbustos en macetas (que generaron chistes entre el público) y tres guitarras que esperaban: una acústica de doce cuerdas, otra de seis y la Mítica Rickenbacker de doce cuerdas que el mismo Roger McGuinn ayudó a popularizar. Acaso la modesta y, por lo menos, curiosa puesta en escena trataba de representar la despojada lectura que Roger hizo de las tremendas canciones que interpretó.
Si algo quedó demostrado en la noche del Coliseo es que la mano derecha de Roger sigue intacta. No así sus cuerdas vocales que, desde luego, no son las mismas que en los años en los que fue parte de The Byrds, grupo que acuñó alguna de las mejores canciones de la historia del rock. Además, es inevitable al escuchar clásicos como “My Back Pages”, que abrió el recital, o “Turn!, Turn!, Turn!” no extrañar los arreglos vocales de los pájaros ausentes. Cabe recordar que buena parte del encanto del grupo residía en el increíble trabajo vocal, sostenido en gran medida por las armonías de David Crosby.
Una característica de McGuinn sobre el escenario son las deliciosas
explicaciones (en inglés) que da antes de cada tema. En plan Storyteller el legendario juglar es una
fuente inagotable de anécdotas con míticas
figuras del rock y, además, se maneja de forma muy didáctica (enseñó,
por ejemplo, la diferencia entre el arreglo de guitarra original de Bob Dylan
para “Mr. Tambourine man” y el que le agregó él para la sublime versión de The
Byrds).
En cuanto al repertorio, si bien McGuinn interpretó material solista y
clásicos del folk como "Pretty Boy Floyd" de Woody Guthrie, la lista
de temas estuvo repleta de gemas de The
Byrds. Además de las ya nombradas sonaron, entre otras, “Ballad of easy rider”,
“Mr. Spaceman” y “5D (Fifth dimension)”.
Mención aparte para la intensa ejecución,
tanto que rompió una cuerda y cambió de guitarra, de esa pieza clave del rock psicodélico llamada “Eight miles
high”.
Al final de la noche, se confirmó un rumor que circulaba en la sala. Charly García (acompañado por Fernando Kabusacki en guitarra) subió al escenario para tocar el teclado y cantar junto a su ídolo una, algo malograda, versión de “Fell a lot whole better”( la misma que García tradujo para su genial “Filosofía barata y zapatos de goma”). Pero, para sorpresa de todos, el curioso trío también tocó “So You Want to Be a Rock 'n' Roll Star” y “Knockin’ on heaven’s door” el clásico de Dylan.
Luego, ante un público enfervorecido, McGuinn volvió a escena para tocar una última canción. Pero el verdadero show ya había terminado.

