Spinetta en el Coliseo
El Flaco tocó en el Teatro Coliseo y en sexteto hizo un repaso de su gran discografía.
"En un matutino salió, la semana pasada, que en estos recitales yo estaba despidiendo el disco 'Un mañana'. ¿De dónde sacaron eso? Los discos nunca se despiden. No me despido del primer disco de Almendra ni del que voy a grabar la semana que viene".En sexteto, Spinetta ofreció un show de dos horas en donde repasó música de toda su carrera. Estuvo acompañado por su cuarteto Cardone-Verdinelli-Nicotra, con dos invitados permanentes: Baltasar Comotto, en los geniales solos de guitarra eléctrica, y el Mono Fontana. Luego se sumó una corista de lujo: la gran voz de su hija, Vera Spinetta, que deslumbró a más de un oyente despistado.
Durante el show sonaron Cementerio club, Oh magnolia, Durazno sangrando, y también los temas de sus últimos discos, como Buenos Aires, alma de piedra, La mendiga y el bellísimo Tema de amor para Olga, que extendió a Nora, la esposa de Machi Rufino, fallecida el pasado 5 de octubre, refiriéndose a ella como una de aquellas inmortales 'Olgas' que existen. Recordó también al recientemente partido Beto Satragni.
Los tres covers que hubieron pusieron la piel de gallina a más de uno. ¿Tendrá límites este músico? "Vamos a tocar la canción de un compositor rioplatense del que soy un gran admirador", preambuló, y ejecutaron Milonga blues de Hugo Fatorusso. ¿Quién habría imaginado alguna vez a Spinetta cantar un tema de Fatorusso? Luego sonó la musicalización de León Gieco sobre el poema 'Guitarra', de Atahualpa Yupanqui. Escuchar la música de Gieco interpretada por Spinetta fue no menos estremecedor; era entrar en el túnel del tiempo y salir de él a cada instante, era verlo todo desde un prisma que sólo Luis Alberto puede inventar. Promediando el recital, llegó el momento más emotivo de la noche. Saludó desde el escenario a Lilian, la madre de Gustavo Cerati, y levantó un aplauso cerrado; en una especie de homenaje al gran Gus, hizo una versión impecable de Té para tres. Sin dudas, fue un punto de inflexión en el show.
Spinetta, como siempre, nos vuelve y devuelve al futuro; es a veces increíble cómo este autor evoluciona permanentemente. En esto es central el rol que ocupan sus músicos acompañantes. Sin ellos, la música no ocurriría. Porque es esa la verdad que se esconde detrás de todo este recital; es hacer música lo que importa. Es el toque tonal de Verdinelli, los clusters del Mono Fontana, el timbre de Cardone. La evolución, que por lo general supone un estado de cambio, de movimiento, es en él un estado natural, constante. Spinetta evoluciona en la quietud. Quizás su constante no sea conservar un estilo, sino mutar permanentemente. De forma a forma.
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