Cómo Estuvo
Tame Impala en Niceto Club
Con dos funciones totalmente SOLD OUT, los australianos de Tame Impala se presentaron en Niceto Club para el beneplácito del público local que no paró de cantar y saltar durante toda su faena. Sobredosis de Rock.

Kevin Parker decididamente es un control freak. El paladín de los oceánicos de Tame Impala es ese tipo de persona que quiere tener todo bajo su control. Meticuloso, detallista al extremo; un perfeccionista. Se sabe, el muchacho se cargó solito la grabación de ‘Innerspeaker’ sobre sus hombros hace ya un par de años y pretende hacer lo propio ante su esperado segundo opus, ‘Lonerism’, que verá la luz más acá, en el mes de octubre. “AC/DC son nuestros Beatles”, confesó no hace mucho en una nota. Bien vale la referencia, y también la sensatez, ya que ambos se reflejan claramente en su obra.
La versión de “Solitud is Bliss” se hace carne ante un atestado Niceto y pone de manifiesto la intención del ahora quinteto (se sumó a la gira Julien Barbagallo, baterista de los franceses Tahiti 80): Borrar las líneas generacionales entre el Rock. “Make up Your Mind” corrobora la intención con creces y acrecienta la figura de los australianos.
De tercera generación, si se toma en cuenta a los grunges de Silverchair en los ’90 y más adelante en el 2000 a los retro-rock de The Vines, Tame Impala, esencialmente, tomó todo ello y lo impuso de forma natural, prevaleciendo ese espíritu libre, expansivo, fresco y psicodélico que tanto los identifica. Las referencias están sobre el tablado de Niceto, que luce sobrio, tan solo con una pirámide en 3D que refleja una frecuencia, según la intensidad del momento.

Kevin Parker se pasea descalzo sobre una alfombra persa y manipula un descomunal arsenal de pedales, de todos los tamaños y colores habidos y por haber, con los dedos de sus pies. Los cinco construyen un magnífico ensamble de melodías, impregnadas con sintes oníricos, guitarras embriagadoras sostenidas por una férrea base rítmica (Nick Allbroock en bajo y el antes mencionado Julien fueron de lo más destacable del quinteto), que en ningún momento muestran agotamiento rítmico.
Un set list que mantuvo básicamente la columna de su primer disco, con canciones como “Alter Ego”, “Is it not Meant to Be”, la celebradísima “I Don’t Really Mind”, y que también enseñó celosamente dos de sus nuevas gemas: “Elephant” y “Apocalypse Dreams”, ambas pertenecientes a ‘Lonerism’. Redondeando los sesenta minutos, “Hall Full Glass of Wine”, antigua y densa rola, hizo las veces de guía turística por el maravilloso Mundo del Rock y en aproximadamente diez minutos revisitó: psicodelia, kraut rock, space rock y shoegaze. Menudo final. Momento, eso no fue todo: “Runways, Houses, City, Clouds” se sumó al epílogo y aportó un poco más sobre lo antes mencionado.

Treinta y siete horas de vuelo y cinco aviones después (http://www.vuenoz.com/entrevistas/tame-impala/629), se podrá decir que los verdaderos Héroes del Rock se aprecian sobre el escenario, y Tame Impala dio sobradas muestras de aquello. Buen viaje y hasta la próxima.
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