The Cranberries
Después de un descanso de casi siete años, la banda irlandesa visitó Buenos Aires por primera vez en el marco de la gira que celebra sus veinte años de existencia.
A principios de los ’90, The Cranberries tuvo todo para pegar el salto a la fama desde su Irlanda natal. Una base sólida y precisa, composiciones simples y efectivas, pero sobre todo, contaba con una potentísima carta: su vocalista Dolores O’Riordan, dueña de un registro vocal flexible y punzante, que le permitía pasar de un susurro inocente a un grito desgarrador casi sin esfuerzo. A pesar de que los últimos años de carrera de la banda fueron poco fructíferos, sus tres primeros discos calaron hondo en la cultura de la década pasada y tal vez eso mismo haya sido el principal motivo por el cual el grupo llenó dos Luna Park en su tardío debut porteño.
En el 2003, The Cranberries decidió tomarse un descanso sabático que se extendió hasta el año pasado y anunció su regreso (en principio temporal, pero con el pasar de las fechas cobró fuerza y sus miembros ya amenazan con un nuevo disco de estudio) el mismo día que O’Riordan lanzó a la calle su segundo disco solista, “No baggage”. Por esta misma superposición de actividades, la gira mundial ofició tanto de celebración de sus veinte años de carrera como también de sutil presentación del álbum de su cantante, por lo que algunas de sus canciones (“Ordinary day”, The journey”) se colaron entre temas obligados de la banda como “Linger”, “When you are gone” y “Ode to my family”.
Si se tiene en cuenta que el cénit de su éxito fue en los albores de la década pasada, nadie debería sorprenderse por la edad promedio de su público. La mayoría de los presentes rondaba o superaba los treinta años, muchos de ellos en pareja y siempre dispuestos a levantar sus celulares (¿ya nadie lleva encendedores a los recitales?) para acompañar los momentos más íntimos y melancólicos del show. La edad es una anécdota: todos los presentes en las primeras filas estiraron sus manos cada vez que O’Riordan caminó por el escenario, y algunos hasta le extendieron cd’s y marcadores indelebles para llevarse a sus casas un autógrafo. Quizás para compensar una puesta en escena excesivamente austera (sumada a un sonido excesivamente deficiente durante la primera media hora de show), la lista de temas fue más que certera al mezclar hits y cortes de difusión con canciones menos obvias de sus cinco discos de estudio, como “How”, “Daffodil lament” y “Waltzing back”. En escena, la banda desarrolla un juego de oposiciones: Si bien la figura que sobresale es la de la vocalista con sus inflexiones célticas y su histrionismo corporal, casi en las sombras, el resto de los integrantes ejecuta sus roles con firmeza y precisión, en especial el guitarrista Noel Hogan que, lejos de ser un virtuoso de su instrumento, parece tener siempre la nota precisa o el arpegio exacto.
Para el tramo final, los irlandeses guardaron lo más contundente e intenso de su repertorio. “Salvation”, “Zombie” y “Dreams” coronaron un show ajustado en su duración y en su desarrollo (una hora y media en la que por momentos no hubo descanso entre una canción y la siguiente). Tras el final, tanto banda como público tuvieron motivos para festejar. Los primeros, porque después de veinte años, su talento intacto. Los otros, porque justamente gracias a eso último, pudieron saldar una deuda tardía con sus ídolos en plena forma.
Comentarios
vuenoz.com no tiene ninguna responsabilidad sobre los comentarios de usuarios aqui expuestos. Todos los comentarios son de responsabilidad exclusiva del usuario que los publica. Asimismo vuenoz.com se reserva el derecho de editar o eliminar los comentarios contrarios a las leyes de la Republica Argentina o que considere violen sus normas de etica, privacidad u otros motivos que considere injuriantes.