Tricky
Maestro de lo truculento, lo anti y lo insospechado. Tricky ya no es aquél “Tricky Kid” del colectivo Wild Bunch, ahora es esa persona que pisa Buenos Aires dos veces en dos años y que aún sigue fascinando por igual. Esta es la historia del sábado.
Atrás, sobre el lapidario telón negro que le cubre las espaldas al escenario, se puede leer: “Fuente: Imagen no válida”. A nadie parece importarle. La fantasmagórica y escueta proyección son parte de una escenografía y una atmósfera que responden a una suerte de coincidencia involuntaria, al juego del ensayo/error en tiempo real, a una dimensión paralela en donde el descuido, cierta apatía y desidia parecen estar en contubernio, sin desentonar y sin que parezca un accidente. La figura espigada y símil tumbera vuelve a moverse entre las sombras. Como un dealer en un callejón, Tricky deambula por el escenario, con su típico andar despreocupado, siendo uno más del decorado, parte ya del paisaje habitual. Un anti-héroe que no respeta las formas y los modos, que se quita la remera y que, nuevamente y como hace dos años en su primera visita a nuestro país, invita a la audiencia a que invada el escenario mientras reforman “Ace of Spades” de Mötorhead. Un lumpen de la cadencia que comanda un proyecto que lleva su nombre (o pseudónimo), pero que por capricho o esquizofrenia, él mismo trata de boicotear.
Mixed Race es su actual pretexto. Un disco menos autorreferencial y que, a diferencia de su última producción, Knowle West Boy, lleva el acento puesto en los graves y disimula una fuga hacia lo bailable. Pues ahí están ellas (“Really Real”, “Kingston Logic”, “Murder Weapon”, “Time to Dance”), todavía relucientes, navegando en un mar de acoples, rogando porque la guitarra pase del somnífero susurro al aullido más crepitante. No hay caso. Tricky delega. Su voz tampoco parece ser de lo más destacable, es por eso que gran parte del show recae sobre la cautivante Francesca Belmonte (remadora facultativa y vocalista todo terreno), que ronronea cuando el down tempo la reclama (“Overcome”, “Pumpkin”, “Hollow”), y golpea cuando el beat acelera su pulso (“Puppy Toy”, “Council Estate”).
La tensión del post milenio ahora entiende de qué va la cosa. El público, que no consiguió colmar Groove, pero que así y todo asistió en gran número teniendo en cuenta la nutrida agenda del día sábado, aguardó cautelosamente el epílogo sumidos nuevamente en el factor sorpresa. Con “Past Mistake” iniciando los bises, la multitud cobra ahora un papel especial en el desenlace de la faena. Copando el escenario y silbando bajito, una docena de asistentes se mezclan entre sí, cuasi en trance, mientras que la narcótica versión de “Love Cats” de The Cure le sirve a Tricky de trampolín para zambullirse de lleno en el, quizás, el crowd surfing más desplegado y bizarro que jamás se haya visto: el enjuto frontman aterriza en la barra (¡?), y se funde entre respetuosos abrazos, besos y flashes que son disparados por cualquier dispositivo móvil que se tenga a mano. ¿Se pidió un whisky, un gin tonic, un agua saborizada, pidió cambio en monedas? No se llegó a percibir. El cartel de SALIDA más próximo a la entrada lo desvió dejando atrás una estela de rostros atónitos. El final perfecto. Una triquiñuela magnífica.
Comentarios
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Tricky
Por segunda vez en nuestro país, el artista mejor conocido
como Tricky, vuelve a enseñar su cautivante show. Vía mail, respondió algunas preguntas y nos enseñó algo de su extraño y privado mundo....
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