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Toy Story 3
Los juguetes están de vuelta en el que, se supondría, es el último episodio de esta saga que allá por el año 1995 marcó un antes y un después en el cine de animación.
En aquel entonces, no sólo nacían íconos ineludibles de la cultura popular posmoderna (el vaquero Woody y su compinche interestelar Buzz), sino que además se gestaba el inicio de la productora más original y creativa del mundo de la animación de los últimos tiempos: Pixar.
De 1995 a la actualidad han pasado quince años, y claro que la tecnología (muchas veces, también gracias a Pixar) ha ido evolucionando sin escalas a niveles espectaculares: si el movimiento de los personajes más "humanos" de la primera parte resultaba novedoso para la época, pero hoy podría verse como tosco, en ésta última entrega no sólo es completamente natural sino que objetos y juguetes interactúan con los fondos y otros personajes de manera remarcable. De las geniales expresiones faciales del muñeco Ken (quizás la mejor incorporación al mundo de Toy Story), al andar malévolo del peluche Lotso (la otra nueva incorporación al elenco), nada falta en esta nueva entrega creada por John Lasseter (aquí sólo en rol de productor y guionista). A excepción de algunos personajes secundarios que no soportaron el paso del tiempo, Woody y sus amigos permanecen intactos, inseparables, con un temor común que los une y a la vez divide: su dueño, Andy, ya no es el niño que solía ser, y ahora el destino de gran parte de los juguetes corre la suerte de terminar en un altillo. Esto último, claro, resulta una opción bastante más interesante que la de la guardería para niños malcriados, repleta de pequeños demonios que no saben jugar con juguetes.
La tercera parte de esta trilogía cierra de manera adecuada, con acertados momentos de humor y otros de tristeza y nostalgia, y si bien pierde en comparación con las anteriores dos entregas, deja la sensación de que ha concluído una saga de films cuasi perfectos, entrañables y queribles, que por lo menos perdurará en la memoria de niños y adultos por un largo tiempo.

