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26º Festival Internacional de Cine en Mar del Plata

Del 5 al 13 de Noviembre, se llevó a cabo en Mar del Plata el 26º Festival Internacional de Cine.



26º Festival Internacional de Cine en Mar del Plata

MDQ 2011

Joe Dante en el Festival de Mar del Plata.

No estamos seguros -pese a que los rockeros internacionales insisten- de si somos o no el mejor público del mundo, pero Joe Dante asegura que al menos en cuanto a cine, más de uno de nosotros rivaliza con su pasión y conocimiento. No es poco cumplido viniendo del hombre que pasó de la producción de la enorme e inagotable factoría Corman a los brazos del aún más grande (bueno, puede generar discordia pero hay que admitirlo) Spielberg, exploró en el medio otros caminos, acertó (Matineé), se equivocó (Small Soldiers, injustamente menospreciada a veces) y hasta dejó proyectos a medio terminar (Explorers) y conoció tanto la cara amable como el lado B de la industria devora-artistas que es Hollywood.

Joe Dante, ése que quedará siempre pegado -¿mal que le pese?- a su película más exitosa, Gremlins, está en La Feliz y se lo ve tranquilo, distendido, respondiendo preguntas del público y hablando de amigos de la talla de Scorsese, Corman y Del Toro como si estuviese en el living de su casa ejercitando sus memorias. Aunque la palabra "memorias" remite a lo fúnebre quizás, y si bien al director de Aullidos y Piraña le sobran conocimientos sobre lo lúgubre y mortuorio, es un error pensar que la magia de este autor es cosa del pasado. Allí está su última película, The Hole, en 3D digital y a tono del último grito de la tecnología cinematográfica, como para demostrarlo.

En un ambiente distendido, en el restó al costado del Auditorium donde se proyectan las películas de competencia oficial, Dante se despacha repasando su vasta carrera, eligiendo favoritas y "menos favoritas" (porque, en sus propias palabras, "los films son hijos, y uno quiere a todos, incluso los que son claramente hijos feos), y respondiendo las inquietudes de fanáticos que se saben de memorias las líneas de diálogo de los Gremlins (bueno, la parte de los bichos es fácil, partiendo del célebre "Gizmo CA-CA") y piden más, mucho más, al cauto realizador que dice que sí, que le encantaría una tercera parte de monstruitos, pero eso es probable que nunca suceda. Y como si fuese poco pesimismo, concluye, rotundo, cuando se le pregunta acerca del futuro del Séptimo Arte, que a diferencia de su amigo Scorsese que ve un mundo lleno de hologramas, él cree que el cine fue un invento del Siglo XX.... y el Siglo XX ha terminado.

Por suerte, nos quedan sus películas, su subversión (sí, se puede mencionar tamaña palabra, y sino vale repasar esa anti-secuela que fue Gremlins II) y su nostalgia, que lejos de impedirle seguir adelante lo mantiene ocupado: dice tener en proyecto al menos cinco películas. Desde acá, al costado de la Rambla, esperamos que se concreten todas.

The Hole (idem). EEUU. 2009. Dirección: Joe Dante. Guión: Mark L.Smith. Con Chris Massoglia y Haley Bennett.

El foco de la enorme carrera del gran Joe Dante concluye aquí en éste film, su último trabajo a la fecha, que pese a su desfasaje de estreno (el mismo data del 2009), el momento actual parece el más oportuno para disfrutarlo: luego de un año plagado de citas, guiños o directamente homenajes a la nostalgia pop(corn) de los 80s, de la divertida Attack the Block (Joe Cornish) al blockbuster Super 8 (J.J. Abrahams) ¿quién mejor que el realizador de Gremlins y Matineé para hablar del asunto?

Un agujero misterioso, una familia reducida y una bonita vecindad pueblerina son todo lo que Dante necesita para divertirse con el terror más primitivo (ese que sale de abajo de la cama o se manifiesta en payasos poco amistosos) que aflora en sus personajes y, por consecuente, en el espectador. Al pie de la letra, todos los elementos necesarios para entretener y asustar están ahí: un grupo de adolescentes/niños cuya curiosidad los termina llevando demasiado lejos, una madre enajenada que sin duda quiere a sus hijos pero los deja solos en los momentos menos oportunos, un padre ausente (mejor así, ya que en el fondo -del agujero- conviene tenerlo lo más alejado posible), algunas risas como para cortar el suspenso y el recurso muy usado -pero no por ello aquí gastado- del "elemento sobrenatural que dice más acerca de los protagonistas de lo que los mismos imaginaban en un principio".

En resumen, Joe Dante al 100%, acotado a un bajo presupuesto, es cierto (por momentos uno se pregunta si acaso no se trata de una versión light de un episodio perdido de Masters of Horrors), pero con los valores y recursos intactos.

* * * 1/2

La Inocencia de la araña. Argentina. 2011. Dirección y Guión Sebastián Caulier. Con Renata Mussano, Juan Gil Navarro. COMPETENCIA ARGENTINA

Sabido es que la dirección de actores conlleva mucha paciencia y oficio, y dícese en el rubro que no hay nada más difícil que trabajar con niños y animales (en este caso, un artrópodo de especie arácnida, o sea, la inocente del título). Pues bien, hay que reconocer que la tarántula en cuestión sale airosa de su papel, aunque lamentablemente no sucede lo mismo con buena parte del elenco humano de la película.

La historia transita entre un humor negro, que por culpa de algunos tropiezos de guión y dirección se olvida la parte de "humor" y apenas se queda con la "negrura", y el subgénero de "crecimiento", donde dos niñas presas de su imaginación y -cada vez más- relativa inocencia, se enamoran del nuevo profesor de biología y por ende también de su mascota, Ofelia, la mencionada tarántula que sirve como catalizador del conflicto que hará surgir lo peor de las niñas.

Debido a unos diálogos demasiado masticados y mal ejecutados por parte del director (no se culpe a nadie del elenco: un mejor montaje, es decir, uno que alterase el orden un poco más allá del plano-contraplano cerrado, podría haber salvado muchos desaciertos artísticos), los 96 minutos del film parecen interminables dos horas, y lo que prometía una mirada ácida a la maldad de la niñez termina quedando en buenas intenciones, como mucho, y a esta altura del partido con eso no alcanza. Cinco minutos de South Park, o para no ir a la tv y quedarnos en el cine: tan solo el primer acto de Stand By Me (Rob Reiner) y hasta Los Goonies describen mejor las travesuras de los niños que pueden ir demasiado lejos cuando no se los controla. Y si se trata de colegiales alienadas asesinas, quizás sea mejor recordar a las Criaturas Celestiales de Peter Jackson. Es cierto, comparar no es bueno, y para colmo ésta última comparte la temática pero no es una comedia. La Inocencia de la Araña, gracias un final torpe que en lugar de risas provoca lo contrario, tampoco.

Tatsumi. 2011 / Singapur. Dirección y guión: Eric Khoo Con Yoshihiro Tatsumi y Tetsuya Bessho. COMPETENCIA OFICIAL

Luego de la Segunda Guerra Mundial, Japón estaba naturalmente devastado, tanto en lo político como en la moral de su población. La cruenta resaca de la posguerra asomaba a la vuelta de la esquina, y las incontables historias de pérdidas, desiluciones y miserias varias eran moneda corriente. Un término que posteriormente sería reconocido como kawaaii comenzaba a intentar a toda costa levantar la moral de un pueblo triste y estupefacto ante tanta destrucción: se trataba de una palabra que hablaba de lo tierno, simpático e infantil, que al día de hoy sigue en boga y deja perplejo al resto del planeta, incapaz de procesar tantas lucecitas de colores, personajes edulcorados y chillones, artificios por demás superfluos y un humor que va mucho más allá de lo absurdo. Para quienes aún no comprenden el porqué de la cultura kawaii, entonces, por si no quedó claro, es fácil así definirlo: es eso que tuvieron que hacer los japoneses para salir de la enorme depresión que, naturalmente y después de Hiroshima y Nagasaki, los acechaba y condenaba a la eterna tristeza.

Yoshihiro Tatsumi no inventó el manga ni adhirió mucho al estilo del mismo que imperaba en esos momentos -que era, claro, de corte más bien infantil-, sino que por el contrario, decidió invertirlo, mostrar su otro lado. Lo kawaii podía ser un paleativo para tanto dolor, es cierto, pero alguien tenía que contar las miserias de la guerra, recordar con horror y tristeza, para así poder decir, como reza la primera de las historias que conforma ésta, su suerte de biografía, "no dejaremos que esto vuelva a suceder". En términos de formato y género, al mismo tiempo, Tatsumi logró lo que pocos autores pueden: elevó el nivel del arte en el cual el mismo ponía su firma, informando a los adultos que los dibujos en papel y viñetas podían no sólo ser para niños, sino encerrar más, mucho más, de lo que ellos imaginaban o a menudo más de lo que querían recordar.

Eric Khoo, el otrora realizador de la multipremiada Be With Me, rinde así su tributo a un grande, adaptando hábilmente buena parte de las 800 páginas que conforman la autobiografía de Tatsumi, hilvanando historias y entrecruzando personajes que representan no sólo la vida del creador, sino también toda una época oscura y triste que tomó casi por sorpresa a un país obligado a barajar y dar de nuevo, dejando irremediablemente atrás a los débiles. Tatsumi no hace diferencias, no juzga a sus personajes, simplemente los retrata, a sabiendas de que, en el fondo, todos ellos son por igual víctimas. Y eso es algo que jamás retrataría el kawaii. Pero alguien tenía que hacerlo.

* * * *

PLAGA ZOMBIE 3: REVOLUCION TOXICA 2011 / Argentina. Dirección: Hernán Saez, Pablo Parés. Guión: Parés/Sáez/Sebastián Muñiz.

Imposible ser imparcial con amigos de la casa, y por eso esta "crítica" (que no es tal) no pretende objetividad alguna. Sólo se pretende, eso sí, antes de abordar el siempre entrañable mundo absurdo y grotesco que la gente de Farsa Producciones enarbola como bandera hace ya más de quince años, recordar algunos datos que vale la pena destacar: los cineastas del Oeste, más específicamente de Haedo, más allá de concretar -muchas veces- el sueño del pibe (freak, enfermito) de hacer una de terror y zombies, fueron pioneros en lo suyo, al menos en toda Latinoamérica, lo cual nunca es poco. Allá a mediados de los noventas, erróneamente asumiendo que seguro muchos otros jóvenes lo estaban haciendo al mismo tiempo que ellos (según confesaron sus autores al diario del Festival), los amigos de la infancia crearon casi sin quererlo un film de culto dentro de un género inexistente en la filmografía nacional: el de muertos vivos, extraterrestres invasores, violencia gratuita que lejos de doler hace reir, y múltiples guarradas que en ese idioma híbrido que llamamos "español neutro" encuentran en algunos, cada vez más, un lugar donde regocijarse, al costado del camino del Séptimo Arte argentino.

Pero Plaga Zombie: Revolución Tóxica ya no es una novedad, es una tercera parte, y cuenta con múltiples seguidores que conocen el género y a sus realizadores. Y por eso, conscientes de que la historia necesitaba un final a lo grande para dar un último saludo -o gruñido- desde el escenario, el colectivo cinematográfico atendido por sus propios dueños hizo lo que tenía que hacer: ensuciarse las manos una vez más con miel y colorante de torta de múltiples colores (sangre: roja, vómito: verde, secreciones varias: vale todo), y ponerse la cámara al hombro, degradando un poco la imagen actual HD para que sea vea un "poquito más VHS", como en las primeras partes de esta historia.

El resultado, al igual que en las anteriores entregas, es un sinfin de situaciones bizarras, esa palabrita que apenas causaba simpatía o confusión cuando los autores recién empezaban, y hoy ha crecido al punto de saturar la cultura pop, y momentos de enorme diversión primitiva, absurda, y desenfadada, gracias al explícito amor que los realizadores sienten por las extremidades de latex desgarradas y la sangre despilfarrada sin límites.

Podrá no ser un cine para todos, y algunos (equivocados, de acuerdo al autor de estas líneas) hasta podrán argumentar "no es cine, a lo sumo video", pero lo cierto es que Farsa se ganó un lugar en la cultura cinematográfica under argentina (y, para ser justos, también internacional, puesto que las anteriores entregas y muchos de sus otros trabajos se estrenaron en festivales y editaron en dvd en el exterior) y el corazón de entusiastas de un género distinto, pocas veces frecuentado por quienes eligieron el camino del fílmico -o más bien DV, como en este caso- como estilo de vida.

A modo personal y apenas anecdótico, quien escribe estas líneas aclara que jamás hubiese imaginado que podría extrañar la estética del vhs, hasta anoche, cuando la nostalgia, y con un cierto dejo de tristeza, se adueñó de sus pensamientos terminada la función. El hecho de que ésta sea la última (decisión dura pero acertada) marca también el fin de una era para ese under que ya dejó de ser tan under gracias a festivales como éste, y en especial el Buenos Aires Rojo Sangre, y la editora Videofilms que se empeña en mantener vivo el espíritu por siempre en DVD, y deja un sentimiento de alegría -después de todo, la película termina en una nota alta en clave musical- pero también de tristeza, a sabiendas de que todo concluye al fin, y todo zombie tiene un final. Con plastilina, sangre falsa y mugre, pero los valores intactos y ganas de no irse a dormir, de jugar un poco más.

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CRAZY HORSE 2011/ EEUU, Francia. Dirección: Frederick Wiseman

De los entretelones del mejor ballet de París (La Danse), pasando por los rincones del boxeo en Austin, Texas (Boxing Gym), la cámara de Wiseman se traslada ahora al backstage de  Le Crazy Horse, de nuevo en París, "el show de desnudos más importante y prestigioso del mundo", definido en palabras de sus autores, performers y el público conocedor.

El resultado, como en todo documental de Wiseman, es un recorrido por el detrás de escena y la vocación y pasión de sus creadores, regentores y artistas que componen el show que el director retrata. La cámara invisible de Wiseman, que no se entromete sino que refleja lo que ve, tal y cómo lo ve, pinta un cuadro preciso del célebre espectáculo y accede a los camarines del mismo, a modo de tour pero sin la necesidad de una guía en voz en off. El erotismo, como no podía ser de otra manera, dice siempre presente y se manifiesta con la misma delicadeza con la cual los artistas componen sus piezas. Wiseman no interrumpe, no dibuja un folleto informativo de lo que filma, y deja que las imágenes hablen por sí solas. Algo a lo cual el formato documental actual ya parece haberse desacostumbrado, pero que el realizador sigue ejecutando con maestría.

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