Reviews de Cine
Batman - El Caballero de la Noche Asciende
Tercer film de Batman de la mano del director Christopher Nolan.

La tarea era difícil, nadie puede negarlo: después del Joker, estaba prácticamente cantado que ningún personaje antagónico podría hacerle frente al encapotado más psicótico de todos. La elección de Bane como archi-enemigo, desde que fue conocida, daba a suponer dos cosas: Cristopher Nolan, el director top del momento (de indudable talento pero infladísimo genio), buscó junto con sus guionistas (su hermano Jonathan y David S.Goyer) alejarse de la anterior entrega y en su lugar explorar un nuevo “camino del héroe”, o bien continuar la saga respetando algunos elementos de la anterior parte (ya el trailer recordaba a un difunto Harvey Dent) y olvidando, por respeto coherente, la historia del Joker que, al menos en la diégesis de la película, no había del todo terminado. El resultado final es, cuando menos, curioso: Nolan parece no haberse decidido por una de estas dos posibilidades, y nada en El Caballero de la Noche Asciende resulta tan novedoso como su predecesora, a la vez que los ecos de la misma llegan pero distorsionados. Ciudad Gótica es claramente Manhattan, con su 5ta Avenida y puentes que conectan la isla, ocho años después, pero con los mismos problemas.
El crimen organizado ha cedido y por ende Batman se ha retirado... ¿Retirado? ¿Un justiciero que combate todo tipo de crímenes y de acuerdo a su psicología torcida no puede dejar de combatir el mal se ha retirado? Ok, no pidamos fidelidad a las fuentes, sino deberemos reparar en que Bane no es latinoamericano ni tiene justificación para su nombre (las inyecciones quizás hubiesen puesto en juego el PG-13), y que ciertas sorpresas finales funcionan apenas como shock pero carecen de sentido y lógica.
Sorprendentemente, el mayor hallazgo de este último capítulo es que, por fin, Christian Bale resulta un convincente Bruce Wayne/Batman. Atrás quedaron los ininteligibles susurros violentos altamente parodiados en cientos de videos en youtube, y el héroe se revela mejor como un humano antes que un superhombre. Su reclusión voluntaria que viene del anterior capítulo funciona como catalizador para este cambio (momentáneo) de personalidad, y de paso da tiempo a que el nuevo villano de turno surja -sin muchas explicaciones de cómo/dónde/cuándo-, e inclusive nace a una misteriosa felina femme fatale (Anne Hathaway) que, en la inevitable comparación, predeciblemente pierde respecto a las más recordadas Michelle Pfeiffer y Julie Newmar. El escenario anárquico, digno de la fórmula que explica que en una secuela todo tiene que ser más grande, es sin duda mayor aunque deja unos cuantos cabos sueltos. Hilando muy fino, podemos preguntarnos cómo es posible que Buenos Aires quede inundado de basura cuando en tan sólo dos días no hay recolección, mientras que Manhatt...digo, Ciudad Gótica, siendo tomada por un terrorista desquiciado permanece increíblemente limpia y por demás ordenada. Bane da así una clase magistral de “caos sin aparente desorden”, lo cual contradice un tanto sus ideas originales.
A excepción de una escena en Wall Street que será en este texto revelado, el film no depara mayores sorpresas, al menos no desde que todo fue visto en el trailer. La explosión calculada de un estadio de fútbol americano (himno americano con mano en el pecho de por medio, que recuerda los planos patriotas del vecino amigable Spider-Man aterrizando convenientemente delante siempre de una bandera estrellada) no genera demasiado impacto, mientras que el muy cruento Bane atemoriza con sus palabras malvadas (hasta un personaje exclama algo como “¡Oh! ¡Eres la maldad en persona!”) pero asesina de manera casi gentil y siempre fuera de cámara. Por otra parte, que tras demoler calculadamente cientos de enormes infraestructuras tan solo en el trailer de la película, éste se tome la delicadeza de combatir apenas con sus puños limpios a Batman, indica una vez más que es un pésimo estratega y que, evidentemente, no vio demasiadas películas, ya que hasta repite el célebre cliché de villano: “Pero... ¿cómo es posible? ¡Si te aniquilé!” (nota: la frase concreta remite, en un único intento de fidelidad a la fuente, a la presentación del original Bane en el cómic).
No es éste el único aspecto trillado: el clímax, que tampoco será aquí revelado, es tan sólo otra carrera contra el tiempo, y el eje del mal que azota la ciudad, aunque parte también del mundo de la historieta, jamás leyó Watchmen y esa mojada de oreja del villano final a los héroes, que los ridiculiza diciendo “¡Vamos! ¿Pensaban que les iba a revelar todo mi plan para que ustedes puedan detenerlo?”. Aquí, parte del plan es que todos los sepan, es cierto, pero la ejecución final se demora lo suficiente para que (y ésto claramente no arruina ninguna sorpresa) el héroe salve el día. Mala idea. Después de todo, por si no lo escuchamos mil veces antes, y un millón de veces más después del 11/S, habrá quien aquí también recuerde que los Estados Unidos “¡no negocian con terroristas!”.
El aspecto técnico y formal es visualmente espectacular, es cierto, pero con un presupuesto de 250 millones de dólares, un director al cual hoy buena parte de la crítica enaltece como una semi-deidad, y una saga que venía creciendo alcanzando un alto pico de grandilocuencia, había que pedir ciertamente más, no menos.