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Caballo de Guerra
Caballo de guerra narra la historia acerca de un joven muchacho llamado Albert (Jeremy Irvine) y su adorado caballo, Joey, está ambientada durante el estallido de la Primera Guerra Mundial.
Caballo de Guerra es a Spielberg lo que Hugo a Scorsese, la diferencia es probablemente que Hugo es una historia mucho más rica y compleja que la adaptación de la novela de Michael Morpurgo que, contada en tono de fábula parece tan clásica como un cuento de los hermano Grimm.
De principio a fin (y sobre todo al final) cualquier amante del cine va a poder reconocer homenajes a grandes directores y películas. Las tomas finales en las cuales se ve un hermoso cielo naranja interrumpido únicamente por un jinete que se acerca a cámara y se baja del caballo para abrazar a una mujer, se remontan a la escena final de la clásica Lo que el viento se llevó, y a gran parte de la filmografía del oeste norteamericano de John Ford. Spielberg, a su modo, muestra su respeto y admiración por la historia del cine con estos planos tan evocativos que acarrean consigo toda una tradición Hollywoodense.
La historia comienza cuando el borrachín del pueblo, Ted Narracott (Peter Mullan), un testarudo y obstinado viejo decide comprar un no tan noble corcel por un precio mucho más caro que su verdadero valor, aunque cualquier espectador que haya ido al cine alguna vez en su vida sabe cuán desatinada es esa observación. A lo largo del metraje veremos cómo Joey, el caballo en cuestión, resulta el hilo conductor de la narración saltando de historia en historia a través de las fronteras de la primera guerra mundial. Y aquí se puede establecer otro paralelismo interesante con una película mucho menos Hollywoodense y conocida como lo es Al azar Baltazar, del francés Robert Bresson, quien seguía los pasos de un burro llamado Baltazar. Pero a diferencia de Caballo de Guerra, la película de Bresson mostraba al burro como el protagonista de la historia, y cómo se iba encontrando con distintos personajes que interactuaban con él cual Road Movie. Spielberg en cambio utiliza a su corcel como disparador de otras pequeñas historias que componen en su totalidad a la narración principal.
Así War Horse se alza como un excelente ejercicio cinematográfico filmado como solo un genio del séptimo arte puede hacerlo. Pero a la vez utilizando como medio una historia un tanto gastada que parece haber quedado relegada a un segundo plano.

