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El Gato con Botas
Finalmente el film de El Gato con Botas llega a la pantalla grande de la mano del director Chris Miller.
Formalmente El gato con botas no necesita ninguna introducción, pero no gracias al autor de la clásica fabula concebida en el siglo XVII por Charles Perrault, sino por su aparición en Shrek II. Aquella vez este personaje tan simpático pero a la vez de dudosa moralidad y fidelidad cautivaba con su mirada y su mera presencia. Naturalmente Dreamworks no tardó en advertirlo y en las subsiguientes dos películas de Shrek Antonio Banderas volvió a ponerle voz al felino instaurándose como un personaje tan importante como el otro sidekick de Shrek, Burro. Y a decir verdad sorprende un poco que a la compañía le haya llevado tanto tiempo lanzar esta película en singular. Y ahora que lo hicieron, por supuesto es todo lo que se esperaba, ni más ni menos.
La nota debería haber comenzado admitiendo que el target de público de esta película mucho ha variado respecto de aquel que proponía la primera Shrek (2001) muchísimo más abiertamente, y que por lo tanto el spin-off de aquella saga es un lógico reacomodamiento de la historia a un público estrictamente infantil. Pero sería injusto darle la derecha al director de acomodar su historia a aquello que simplemente vende, y por eso El gato con botas no es más que una movida comercial con la misma y única pretensión que tuvieron las últimas dos entregas de Shrek: recaudar parvas de dinero, no solo con las entradas de cine sino también con el infinito merchandising.

