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El origen
Los sueños son la ventana abierta al subconsciente humano, dicen, lo cual significaría que quien tuviese acceso a ese estado mental débil e irracional, podría de alguna manera controlar, tergiversar y hasta robar ideas. De esta premisa onírica parte El Origen, cuyo título alude a una segunda hipótesis: ¿y qué si además de tomar ideas de sueños ajenos, pudiésemos implantar nuevas sin que el dueño del cerebro lo note?
Más allá de los sueños "Si esta mañana y este encuentro son sueños, cada uno de los dos tiene que pensar que el soñador es él. Tal vez dejemos de soñar, tal vez no." - "El otro" - J.L.B. -
Entre idas y vueltas entre lo que suponemos es "real" y lo que suponemos no lo es, Cristopher Nolan esboza un caleidoscopio pesadillezco donde los edificios pueden doblarse, el ambiente cambiar de clima en cuestión de segundos, y elementos ajenos a lo verosimil pasar por presencias de lo más coherentes. Hay en El Origen toda una alusión al mundo borgeano, donde, entre sueños y desdobles de personalidades múltiples, el espectador se pregunta si todo será acaso un engaño, o si ese otro de los sueños será la persona real, y viceversa. Los personajes, no ajenos a esta percepción de realidades múltiples (dicho sea de paso, hay aquí toda una lección para estudiantes de cine que deseen comprender mejor el concepto de lo diegético y lo extradiegético), contemplan la posibilidad de que quizás el sueño no sea tal, y la línea divisoria entre realidad y ficción pueda cruzarse reiteradas veces, no sin varias consecuencias.
Leonardo Di Caprio, un actor que se dice injustamente que "ha evolucionado enormemente" recién luego de su etapa -inconclusa- con Martin Scorsese (injustamente, porque ya mostraba dotes de grandeza actoral desde sus comienzos en A quién ama Gilbert Grape), demuestra una vez más que el porte de carilindo de Hollywood le queda ya demasiado chico, y entrega una de las mejores interpretaciones de su carrera. El multipremiado elenco reúne, además, a dos grandes actrices que tiempo atrás compitieron por un mismo premio Oscar (Ellen Page por Juno y Marion Cotillard por La Viè en Rose, la ganadora de la noche), a la revelación del año pasado en el circuito independiente Joseph Gordon-Levitt (el pobre enamorado de 500 días con ella) y al siempre impecable Ken Watanabe. En papeles más acotados, pero igual de importantes para la trama, aportan su carisma Tom Hardy (el futuro Mad Max de la nueva saga), Cillian Murphy (Exterminio, Batman Begins) y Michael Caine que, como señala el crítico Roger Ebert, "desde hace tiempo ya que siempre que aparece en escena, da la sensación de saber más que todo el resto del elenco sobre lo que está realmente pasando".
El Origen es, probablemente, el film que más dará que hablar en este 2010, dada su condición de "pieza intelectual" y a la vez "mainstream", directo de la factoría de Hollywood, que hace rato parecía apagada por el desgaste de productos mediocres y superficiales. Hay quienes comparan este film con Matrix (erróneamente, a criterio de quien escribe estas palabras, puesto que El Origen es claramente superior en muchos aspectos) por su contenido "filosófico". Pues bien, si gracias a algunos coqueteos con la saga de James Bond y el cine de acción, decir que este film es una obra maestra parece demasiado, hay que reconocerle, cuando menos, que ni bien terminada la proyección, la idea borgeana queda. Y si quien contó la historia fue el uno y no el otro, poco importa, teniendo en cuenta que quizás hasta se tratasen de la misma persona. Citando una vez más al Maestro: "El encuentro fue real, pero el otro conversó conmigo en un sueño y fue así que pudo olvidarme; yo conversé con él en la vigilia y todavía me atormenta el encuentro. El otro me soñó, pero no me soñó rigurosamente."

