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Fuera de la ley
Todo aquel que haya seguido de cerca la carrera de Nicolas Cage en los últimos años entiende por qué siempre sobran motivos para ver sus películas. Desde el tráiler la idea y la premisa ya sonaban bastante conocidos: Will Gerard (Nicolas Cage) es un profesor y esposo impecable de Nueva Orleans cuya bondad y buena venturanza vaticinan de entrada que algo malo está por sucederles y desatar el conflicto del film. Dicho y hecho, su esposa es víctima de un violento violador que la deja al borde de la muerte. Mientras Will espera la pronta recuperación de su mujer, un misterioso personaje que se hace llamar Simon (Guy Pearce) le hace una oferta que el bueno de Will, no rechazará. Al poco tiempo le acercan fotos en donde evidencian que se han encargado del violador de su esposa, pero claro, ahora Will les debe un favor a unos justicieros anónimos que matan fuera de la ley.
Lo curioso de la película y quizás uno de los pocos puntos a favor que se puede rescatar es el hecho de que la ciudad de Nueva Orleans cobra un significado especial para con el desarrollo de la trama. Su arquitectura y estilo visceral agrega una vibración especial a la reputación de una ciudad misteriosa en donde los hechos se suceden siempre de un modo distinto, y parafraseando al productor James Stern: “es una ciudad en donde las cosas no son necesariamente lo que parecen”. Pese al agregado místico de la buena decisión de filmar en Nueva Orleans, todo aquel que haya visto la prominente película de Werner Herzog, Un Maldito policía en Nueva Orleans (también con Nicolas Cage, pero en un papel muchísimo más complejo) comprenderá cómo se puede hacer buen uso de las locaciones de una película inclusive en una ciudad que ha sido devastada por uno de los desastres naturales más fatales en la historia de Estados Unidos.

