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Historias Cruzadas
Historias cruzadas es un drama ambientado en los años sesenta en Mississippi. Skeeter (Emma Stone) es una joven de la sociedad sureña que regresa de la universidad decidida a convertirse en escritora.
La mezcla de gracias y denuncias a una comunidad norteamericana febrilmente racista en la década del 50 suele ser infalible a la hora de estimular la sensibilidad del espectador, al punto de que siempre en toda ceremonia anual de los Oscars existe una película como esta, quizás un tanto sobrevalorada pero de seguro efectiva. Esto no significa atacar los valores que defiende y expone la película del joven Tate Taylor (basada en la novela de Kathryn Stockett “The Help” vilmente traducida como Historias Cruzadas), pero sí criticar la recurrencia a ciertos clichés cinematográficos.
Historias Cruzadas expone dos extremos opuestos en una sociedad dividida por blancos y negros, o básicamente señoras malvadas y criadas segregadas. Lejos de retratar esta porción de la historia norteamericana con la delicadeza y crudeza de por ejemplo “Mississippi en llamas”, o del retrato satírico pero adecuado de “Donde estás hermano”, esta historia se queda a medio camino entre “Conduciendo a Miss Daisy” y una caricatura clásica de Disney.
Hay una escena particularmente que describe y resume perfectamente el tono de la película y es aquella en la cual una de las criadas se venga de su patrona ofreciéndole una tarta escatológica que materializa el trato que estas personas recibían. Pero a través de este diseño de personajes y su accionar no se logra destacar el verdadero color de una sociedad cómplice de un racismo imperioso, sino que apenas se alcanza a despertar ciertas sonrisas (y llantos) en el espectador, logrando así un retrato confuso que se queda a medias entre comedia, drama y denuncia.

