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Los Indestructibles
Stallone, Willis, Rourke, Statham, Lundgren, Austin, Li, Couture y Schwarzenegger. Nadie falta a la fiesta del autor de Rocky y Rambo, a excepción quizás de Van Damme (quien se negó al no encontrarle demasiada "sustancia" al guión) y Seagal (quien desistió por diferencias con uno de los productores). Y al menos un cameo en pose de "apruebo toda esta carnicería" de Chuck Norris hubiese sido bienvenido también, ¿por que no?
Si lo primero que puede describirse con entusiasmo de un film es su reparto de actores, se puede sospechar que quizás no haya nada más allá de eso en el mismo. Tal es el caso de Los Industructibles: acción en estado puro que funciona como apenas un simpático ejercicio de nostalgia. Ni más ni menos pero, a excepción de un puñado de clásicos modernos como Duro de Matar, nunca se le pudo pedir demasiado a un género que construye sus estereotipos a fuerza de testosterona y "one-liners" (esas frases oportunas que disparan sus protagonistas antes de liquidar al villano de turno).
De los años 80 a la fecha cambiaron algunas cosas, pero no para Sylvester Stallone, que apenas atribuye las diferencias a contextos geopolíticos: antes era la Unión Soviética, poco tiempo atrás Arabia Saudita, y hoy (o mañana, pero muy pronto) América Latina. Si se le quiere buscar algún analisis no demasiado profundo a Los Indestructibles y su visión de la hegemonía global norteamericana, se le podría reconocer al menos que no peca enteramente de chauvinista, al denunciar a sus compatriotas estadounidenses como el "origen" del mal a través del dinero. En un gesto simpático pero no por ello menos absurdo, un dictador de los malos-malos, tiene una suerte de redención al darse cuenta que el capital extranjero ha corrompido la sociedad de su país y, claro, su régimen político.
Finalizado el brevísimo subtexto político, lo que queda son explosiones, cuchillos y cortes varios, amputaciones parciales y totales, sangre, tripas y balas de todo calibre. Sin alcanzar el nivel de pornografía-gore de la última serie de la saga de Rambo, Los Indestructibles trabaja muy poco el fuera de campo y no se priva de mostrar el conteo de cadáveres en pantalla y sin anestesia. Los estómagos sensibles encontrarían demasiado brutales algunos pasajes, pero los fanáticos de la acción estarán de parabienes.

