Reviews de Teatro
Automáticos
La relación entre el hombre y el robot, la máquina adoptando forma humana y el hombre actuando programadamente, parece ser el tema que obsesiona a Javier Daulte por estos tiempos, al menos, sus últimas puestas en Buenos Aires “La Felicidad” y “Automáticos”, dan cuenta de ello.
La obra
escrita y dirigida por Javier Daulte, en este caso en codirección con Luciano
Cáceres, tiene un planteo interesante en cuanto al tema.
Un
grupo de adolescentes se reúne en el galpón una casa para organizar y pensar un
trabajo para la feria de ciencias del colegio. Un extraño fenómeno
climatológico, provocado por la tala indiscriminada de árboles, genera una
tormenta eléctrica que descompone los electrodomésticos y hace que una cantidad
de maniquíes arrumbados adquieran vida.
Que los
objetos que el hombre crea, una noche adquieran vida y vengan por nosotros es
una fantasía que todo aquel que se haya involucrado con algún librito de
ciencia ficción no considera del todo loca. Ahora, que el teatro pueda poner
esta idea en marcha y nos haga partícipes de una historia de ciencia ficción es
menos común y esa excepción es para Daulte la excusa para pasearse por los límites
dramatúrgicos, para arriesgar, para una vez más, obligar al espectador a pensar en un
teatro diferente, más divertido, menos acartonado y solemne, más poético y más
teatral.
La
puesta en escena es uno de los puntos más logrados del espectáculo, ya que dada
la cantidad de objetos y personajes podría generar desorden visual, sin
embargo, el espacio es usado en todos los niveles posibles y los personajes
entran, salen y se mueven naturalmente dentro del lugar, hasta se desarrollan
coreografías y peleas sin que se vea la intervención de las marcas de
dirección. Una obra complicada a la hora
de su desarrollo espacial pero que Daulte y Cáceres resuelven de forma
armónica, dejando que los actores se desplacen de forma orgánica.
La
escenografía en la pieza es un factor importante, los objetos están bien
escogidos, todos ellos cuentan épocas pasadas, elementos apilados pero que
piden a gritos ser tocados, ser utilizados, formar parte por un rato de la vida
entre los humanos, tener un sentido o ser destruidos, algo que los saque de la
quietud, del olvido.
Las
actuaciones son dispares, por momentos los gritos se apoderan de la escena,
algunos personajes parecen no estar del todo logrados desde la composición y
las palabras caen casi sin ser sentidas al escenario haciendo que la historia
pierda vuelo. Sin embargo, hay actores que toman las riendas y nos hacen creer
que es posible, que el verosímil se puede sostener y que la energía no pasa por
elevar la voz, tal es el caso de Leticia Mazur, Pilar Gamboa y Mara Guerra que
recrean sus difíciles roles desde el principio al fin, manejando sus cuerpos
potentemente, dando lugar a los silencios, permitiendo que las emociones
cuenten por sí mismas.
De
cualquier manera, actuar de humanoide o interpretar esta historia de
adolescentes, es una tarea compleja para cualquier actor, por lo tanto, el
riesgo de exponerse así es un punto que
debe ser tomado en cuenta a la hora de juzgar sus trabajos. Fácil es decir,
difícil es hacer y todos ellos hacen.
Un
viernes o un sábado por la noche, en el centro de la ciudad, mientras afuera el
mundo sigue, detenerse e irse de viaje con una de ciencia ficción es una buena
razón para ir al teatro y si es para entrar en la locura Daulte, mejor.
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