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Burkina Faso
La devastación de la ironía dramática.
La trágica historia de la típica familia argentina, fracasada, perdedora, sin esperanzas, contada desde el cinismo y el humor negro, conmueve y sorprende.
En un espacio tan íntimo como el del Teatro de la Tertulia, los actores interpretan una tragedia actual: la crisis de los que perdieron los sueños, los que no pueden cumplir sus metas, desocupados, hambrientos, sin un lugar en el mundo de hoy. Desde esa honda tristeza, la obra desata sonrisas y carcajadas irónicas con sutilezas y recursos muy bien logrados por los actores.
Es sorprendente ver a Susana (Ana Granato) contar como ha muerto su bebe de 18 meses; una lagrima rueda por sus mejillas y la platea ríe. Gabriel Kipen interpreta su personaje desde una realidad absolutamente creíble; sus distanciamientos, sus sueños de caballitos en degradé, pueden verse, observarse, están ahí.
La puesta en escena es simple, con símbolos que quedan un tanto inciertos. Sin embargo, vale destacar que el director Jorge Brambati utiliza infinidad de recursos físicos para que los actores cuenten la historia desde un lugar absurdo.
Los actores se mueven y recorren la escena vertiginosamente, dando velocidad a la trama e intensidad al decir de una historia que termina con un final abierto, esperanzador.

