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Casanimal
Una madre y su hija. Una habitación, único espacio que se transforma en todos los espacios de la casa. El encierro existencial que las lleva a desdibujar la imagen de la objetivad. Ellas hablan sobre varios tópicos rancios que tienen la reiteración como lema y el hartazgo como resultante.
Son los años 70 en Argentina y la realidad político-social de los montoneros se advierte por los principios sólidos que enuncia una hija, los cuales son carcomidos por la ética conservadora de una madre que frena todos los arrebatos de rebeldía de su hija. Hija que tiene arrojos de adolescente a pesar de tener 42 años y cuya existencia tiene a su madre como aliada pero al mismo tiempo como freno en sus ínfulas de independencia. Maria Rosa Pfeiffer (dramaturgia y dirección) hace viajar a la obra por dos caminos bien diferenciados; la narrativa oral del relato y la brillante escenificación que se ha apoderado de ellas. Ese gran logro se potencia además porque tienen entre sí una fuerte vinculación y lo logra a través de cuerpos que lucen atrapados en su mecánica dentro de ese espacio diminuto pero con poder sobre sus vidas. La madre (Alicia Staiff) teje todo el tiempo. Esos tejidos marcan el tiempo que ha anestesiado sus vidas. Tejidos que aparecen en toda la puesta como una suerte de telaraña que tiene la huella de un tiempo pretérito. Telarañas que atrapan literalmente los papeles de su hija (Huaira Basaber), quien los deja como diciéndole adiós a sus sueños. “Somos prisioneros de la costumbre, hasta la costumbre de los milagros”, relata la hija en sus parlamentos rompiendo la cuarta pared, como exorcizándose de esa realidad que la moldea a cada instante. “Si tu padre estuviera eso no lo permitiría” dice la madre y robustece así su moral conservadora. Ese padre es invisible como una suerte de animal suelto que las protege, pero al mismo tiempo las devora a diario. La dirección eligió la misma curvatura musical en el hablar y ello marca la textura emocional de personajes que repiten parlamentos costumbristas como una suerte de ritual que las divierte y las domina.
La realidad viene por la televisión pero para la madre será un peligroso y distorsionante vehículo, lo contrario de una hija que sueña con cambiar vidas aunque no puede con la suya. Casanimal es una obra en cuya epidermis esta la profundidad, con una brillante y original escenificación que contiene y eleva las dos muy buenas actuaciones que viajan en una sólida dramaturgia y en una precisa y lograda dirección.

