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Catedral
Al llegar a “La sala de Arriba”, en el coqueto barrio de Palermo, vemos a los actores en un lateral cuchicheando secretos mientras los espectadores se van ubicando en sus butacas. Intrigantes, sus miradas son frías cuando observan al público colmar el teatro. Parecen tirarse texto entre dientes o hablar de sucesos cotidianos, en realidad, están creando la atmósfera necesaria para invitarnos a entrar en la poética de Raymond Carver.
La historia es sencilla. Un ciego visita a una vieja amiga y su marido. En el curso de la noche comerán, beberán whisky, fumarán marihuana y tendrán una anécdota singular hacia el final que nos demuestra la sencillez de lo extraordinario.
Lo notable de la puesta es que el mismo cuento está en escena desde una narrativa oral, minuciosa, transparente, con simpleza y a la vez potencia enunciativa. Las mismas cualidades que Carver utiliza en sus relatos . Las frases mismas del cuento atraviesan el cuerpo de los actores. Los personajes se representan a nivel situacional, comentando su historia , mientras utilizan al ciego como un muñeco, el cual les mostrara otros mundos, otras realidades . Así, como una conjugación con el artificio final, la síntesis visual de la puesta en escena enriquece los relatos de los actores.
Rafael Cejas, Matilde Campilongo y Chendo Hortiguera le ponen el alma a las letras del talentoso escritor norteamericano.
La Dirección de actores es admirable pues, M. F. Cardenas, entiende como contar esas historias sencillas y a la vez profundas: desde el mismo texto, desde el relato del sentimiento.
Las luces, a cargo Marco Pastorino, son humildes, blancas y se atenúan en momentos precisos y fugaces.
Una autentica interpretación inspirada en la misma tinta del autor. Aquellos que no hayan leído sus cuentos, se sentirán sorprendidos por la realidad y la sencillez de una obra deliciosa.
Amantes de Raymond: imposible perdérsela
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