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Chicago, el musical
Casi diez años después de la puesta en escena que tenía como intérpretes principales a Alejandra Radano y Sandra Guida, se presentan las últimas semanas de “Chicago”.
La comedia musical del genial Bob Fosse, se sitúa históricamente allá por fines de los años 20 y pisando la gran depresión norteamericana, el espacio es una cárcel de Chicago donde se conocen Velma Kelly y Roxie Hart, ambas encerradas por asesinato. Velma es una bailarina y artista de varieté que ha asesinado a su marido y a su hermana tras encontrarlos in fraganti engañándola. Roxie por su parte es una ama de casa convencional con un marido aburrido al que engaña y tras una discusión pasional con un amante lo asesina de tres tiros. Ambas comparten la defensa del abogado Billy Flynn, un descarado y ambicioso abogado mediático que envuelve con sus discursos a la sociedad y al tribunal para salvar de la horca a sus clientas. La pieza es una sátira irreverente al mundo de la justicia y los medios, una dura crítica a la sociedad y su hipocresía que se desarrolla a través de coreografías y músicas divertidas y pegadizas.
Si bien esta reposición no es la más brillante, el espacio donde se desarrollan las coreografías parece quedar chico respecto al lugar que ocupa la banda. La pieza aunque alcanza picos altos de interpretación coreográfica y actoral no tiene la constante de brillantez que demanda, ver y escuchar el pensamiento y la visión artística de Fosse hacen olvidar los momentos un tanto débiles de la propuesta.
La interpretación de Natalia Cocciufo como Roxie tiene momentos interesantísimos de interpretación actoral, sobre todo en sus apariciones con Billy Flynn, interpretado por el carismático Martín Ruiz que se destaca cantando. Velma por otro lado, interpretado por Melania Lenoir tiene momentos super altos en sus solos.
Este es quizá el problema de la versión actual de Chicago, se puede percibir que a sus intérpretes les sobra talento pero algo falla en el desarrollo de sus personajes, ya que la obra tiene solo momentos altos y como hemos visto en otras oportunidades es una obra brillante desde el principio al fin. Algo falta en el manejo de las manos de los bailarines, en el manejo de sus bombines, en el manejo del histrionismo todo de la obra.
De cualquier manera, ver y escuchar al gran Fosse vale y observar nuestro talento interpretando a este gran artista teniendo en cuenta lo complicado que es para un bailarín o cantante argentino desarrollar su talento también vale. Indiscutible la potencia de la banda de jazz, un delirio de genialidad. No todo tan impresionante ni todo malo, altibajos para esta propuesta que de todos modos hay que ver y es absolutamente disfrutable.

