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El Beso de la Mujer Araña
Mucho ruido…
Cuando hablamos de Manuel Puig decimos que estamos ante uno de los talentos más extraordinarios que ha dado la literatura argentina en la segunda mitad del siglo xx.Perseguido y censurado durante muchos años en nuestro país y reconocido en el exterior, este autor increíble desde su primera novela “La Traición de Rita Haywort” creó una nueva forma de narración a través de la anulación del yo como eje narrativo. En “Boquitas Pintadas” analiza la psicología femenina como ningún otro escritor y en la novela “El Beso de la Mujer Araña” pone en tela de juicio las relaciones de amistad y confianza contraponiendo dos personajes totalmente distintos , pero conectados por la incomprensión del mundo exterior; la historia de dos presos en el año 1980 en la cárcel de Villa Devoto (uno por sus actividades amorales, el otro por su accionar revolucionario). Esta novela adaptada por el mismo autor como obra de teatro fue estrenada en 1981 en Madrid, desde su exilio. Luego, en 1986, otro creador argentino desarraigado, Héctor Babenco, llevó al celuloide una versión nuevamente escrita por Puig, con actores de la talla de William Hurt, Raúl Julia y Sonia Braga, llevándose con esta creación la estatuilla de la renombrada academia.
Este Preámbulo Histórico nos lleva a entender la gran expectativa que había ante esta obra de arte en su nueva reposición que lamentablemente no esta a la altura de las circunstancias.
La puesta de Rubén Szuchmacher se desdibuja en una suma de intenciones positivas pero sin una potencia entusiasta que nos haga sentir satisfechos.Los actores no están mimetizados con una caracterización ajustada, más bien con una simulación de la acción pues no contagian una condensación concentrada en su labor.No vemos un registro profundo de creación de personaje ni un peso escénico valedero que nos lleve a la identificación, si no un navegar lineal sobre una obra mancillada.Aunque aceptables, por su trayectoria, las interpretaciones son muy tibias y no nos transportan a esos mundos de incomprensión y dolor por los cuales transitan, si no por uno hecho fortuito de amor pueril.Hay un humor que nos remite a la simpatía y no al patetismo de una situación singular la cual están atravesados los verdaderos personajes de Puig.Pese a su esfuerzo, la actuación de Humberto Tortonese nos remite mas a su personaje propio y cotidiano haciendo de Valentín, pues sus tópicos y variantes son muy similares a los que reconocemos en sus apariciones diarias en la pantalla.El relato de la película que penetra la obra como un extrañamiento de hermoso simbolismo poético es narrado mecánicamente, sin matices y con un dejo de repetición mnemotécnica. Martín Urbaneja, hace una decorosa labor, aunque parece trabajar desde un estereotipo y no desde un sentir muy profundo.La puesta escénica es sencilla y no muestra muchas variantes y la liviandad de los objetos que la concurren es muy visible. El diseño de iluminación es interesante pero no establece innovaciones.
Una obra que se queda en las promesas y las ilusiones de los verdaderos espectadores de teatro Off.Pocas Nueces.



